Una primera cartera se puede montar con dos piezas y ampliar hasta cuatro. La base, lo que en esta casa llamamos la base de la pizza, es un 80% de renta variable global y un 20% de oro. Encima van los ingredientes opcionales (emergentes, small caps, algún sesgo propio) sin pasar del 20% entre todos.
Vale, esa es la receta. Ahora el porqué.
Si has llegado hasta aquí, la teoría ya la tienes: sabes qué es un ETF y sabes que el TER importa más de lo que aparenta. Y aun así, la cartera sigue sin existir. Entre saber y hacer hay un abismo con forma de pregunta: ¿y yo qué compro exactamente?
Pues una pizza. Y en una pizza hay dos cosas que no se confunden nunca: la base y los ingredientes. La base es lo que sostiene el invento y siempre es igual. Los ingredientes son el gusto de cada uno, van encima, y si te pasas echando cosas la base se hunde y acabas comiendo con tenedor un charco de mozzarella.
La base de la pizza: 80% renta variable, 20% oro
Estas dos piezas, y solo estas dos, ya son una cartera completa. Puedes empezar aquí, quedarte aquí veinte años y habrás hecho un trabajo perfectamente digno.
La masa: renta variable global (80%)
Un ETF que replique un índice global de países desarrollados: cientos o miles de empresas de Estados Unidos, Europa y Japón dentro de una sola participación. De aquí sale, históricamente, el grueso de la rentabilidad a largo plazo. Es la parte que trabaja: las empresas venden, ganan dinero, lo reinvierten y componen.
Una sola pieza y tienes medio mundo currando para ti sin elegir empresas de una en una.
El otro 20%: oro
Y aquí es donde nos separamos del manual de siempre, que en esta casilla pone bonos.
El oro no trabaja. No paga dividendos, no reparte intereses, no reinvierte nada. Una onza sigue siendo una onza dentro de treinta años. Entonces, ¿para qué demonios lo quieres?
Para lo que sirve un extintor. No lo compras esperando que suba: lo compras para el día que arda algo. Y lo que puede arder aquí es el dinero mismo. Cuando un gobierno tiene más deuda de la que puede devolver, solo hay dos salidas: no pagarla, o pagarla con dinero que vale menos. Adivina cuál eligen siempre. En esos episodios, el oro es de las pocas cosas que no depende de que nadie cumpla su palabra: no es la promesa de pago de nadie.
Un 20% no es una apuesta, es un seguro dimensionado. Suficiente para notarse cuando hace falta, pequeño para no estorbar cuando no hace falta.
Los ingredientes: lo que va encima (hasta un 20%)
Con la base montada, ya puedes ponerte creativo. Regla de la casa: entre todos los ingredientes, nunca más del 20% de la cartera, y salen siempre de la parte de renta variable. Al oro no se le toca, porque es el seguro, y un seguro a medias no es un seguro.
- Emergentes (5 a 10%). China, India, Brasil, Taiwán. Crecen más deprisa y cotizan más baratos a cambio de más sustos. El ingrediente más razonable de todos, porque completa el mapa: sin él, tu cartera se salta media humanidad.
- Small caps (0 a 5%). Las pequeñas compañías tienen más recorrido y más mortalidad. Vía ETF diversificado, nunca a pelo con tres nombres.
- Un sector que conoces (0 a 5%). Si trabajas en algo y de verdad lo entiendes por dentro, aquí es donde se apuesta. Con tope, que las corazonadas cotizan mal.
- Mineras de oro (0 a 5%). Palanca sobre el metal, para bien y para mal: cuando el oro sube un 10%, una minera puede subir un 30%, y al revés. Ojo, esto ya no es el seguro, es otro ingrediente más.
¿Y por qué un tope del 20%? Porque los ingredientes son la parte divertida, y precisamente por eso tienden a crecer solos. Un día son cuatro caprichos del 5%, y al siguiente resulta que tu cartera es un batiburrillo de apuestas con un poco de índice al fondo. El tope no está para protegerte del mercado: está para protegerte de ti.
¿Y la renta fija? La bebida va aparte
Aquí está la pregunta que llega siempre, y merece respuesta honesta.
El manual clásico dice 60% acciones y 40% bonos. La lógica es buena: los bonos pagan intereses y suelen amortiguar los castañazos de la bolsa. Y funcionó de maravilla durante cuarenta años de tipos bajando.
El problema es que esa película tiene una escena que no sale en el tráiler: cuando el enemigo es la inflación, acciones y bonos caen a la vez. El bono te promete devolverte un dinero fijo dentro de veinte años, y la inflación es exactamente la máquina de hacer que ese dinero valga menos. Por eso en esta casa el papel de amortiguador se lo damos al oro, que no es la promesa de nadie.
Dicho lo cual, hay un dinero que sí quiere estar en algo aburrido y estable: el que tiene fecha. La entrada del piso del año que viene, la boda, el cambio de coche, el fondo de emergencia. Ese dinero no es de la pizza: es la bebida, va aparte, en una cuenta remunerada o un monetario. No lo mezcles.
La regla, en una línea: si vas a necesitar ese dinero en menos de cinco años, no entra en la cartera. Y si tu estómago no aguanta un 80% en bolsa, la solución no es tocar el oro, es dejar más dinero fuera de la pizza.
Los cinco pasos, en orden
- Paso 1: el fondo de emergencia, primero. Entre tres y seis meses de gastos, fuera de la cartera. Se invierte el dinero que no vas a necesitar en años; si no, la primera caída te obligará a vender en el peor momento posible.
- Paso 2: elige bróker. Uno regulado en Europa, con comisiones bajas de compra y de custodia. No necesitas el que más anuncios pone; necesitas uno serio y barato.
- Paso 3: elige las piezas. Criterios: TER bajo, formato UCITS, tamaño decente y réplica clara. Traducción para lerdos: barato, europeo y grande. En el buscador de ETF tienes más de 2.300 fichas para filtrar, incluidos los productos de oro y de mineras, y en el comparador puedes poner a tus finalistas frente a frente.
- Paso 4: programa la aportación periódica. Una compra mensual automática, llueva o truene, sin mirar las noticias. Es el DCA de toda la vida, y funciona porque no depende de tu ánimo de cada mañana.
- Paso 5: rebalancea una vez al año. Los pesos se desvían solos. Si la bolsa vuela, el oro se queda corto y tocará comprarlo; si el oro se dispara, tocará lo contrario. Es rebalancear la cartera, el truco aburrido que te obliga a vender caro y comprar barato sin adivinar nada.
¿Y a ti en qué te afecta?
En que puedes tener una cartera montada esta semana con dos órdenes, y ampliarla cuando te apetezca sin desmontar nada. La base se queda; los ingredientes van y vienen.
Ahora la parte honesta, porque aquí no vendemos humo: esta cartera no es la óptima, y el oro tampoco es magia. Ha tenido décadas enteras planas, no genera un céntimo mientras espera y hay períodos largos en los que quien llevaba bonos ganó y quien llevaba oro miró. La cartera óptima solo se conoce a toro pasado. Además, siempre habrá una pieza yendo peor que las demás: eso no es un fallo, es la prueba de que estás diversificado.
Lo que sí te damos es un reparto que se entiende, que se sostiene solo y que no depende de acertar nada.
La mejor cartera no es la óptima. Es la que no abandonas cuando vienen mal dadas. Exactamente igual que las dietas.
Preguntas frecuentes
¿Por qué oro en vez de renta fija en la cartera base?
Porque el oro no es la promesa de pago de nadie: no depende de que un gobierno devuelva su deuda ni pierde valor cuando la inflación se come al dinero. Los bonos amortiguan bien las crisis de crecimiento, pero en las de inflación caen junto a la bolsa. Es una elección de la casa, y tiene su contrapartida: el oro no paga nada mientras espera.
¿Cuánto dinero necesito para montar esta cartera?
Menos de lo que crees: muchas participaciones de ETF globales cuestan entre 5 y 100 euros, y varios brókers permiten comprar fracciones. La cifra importante no es la inicial, sino la aportación periódica que puedas sostener durante años. Empezar pequeño y constante gana a esperar el gran momento.
¿Puedo empezar solo con la base y añadir ingredientes después?
Es justo lo recomendable. Dos ETF, la masa y el oro, ya son una cartera diversificada y completa. Los ingredientes se añaden cuando entiendes qué añades y por qué, no el primer día por miedo a que la cartera parezca sosa. Una margarita bien hecha se come mejor que una barbacoa mal montada.
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