Un seguro sirve para trasladar a otro un golpe que tú no podrías pagar. Por eso la pregunta correcta no es qué cubre, sino qué pasa si ocurre y no estás cubierto. Lo que puedes pagar de tu bolsillo sin que se te caiga la vida encima no necesita póliza: necesita colchón.
Vale, esa es la definición de manual. Ahora te lo contamos de verdad.
El extintor de debajo del fregadero
Nadie mira el extintor de la cocina y piensa "qué mal negocio, llevo diez años sin usarlo".
Un seguro es exactamente eso: un extintor. No lo compras esperando usarlo, lo compras para no quedarte mirando el fuego con un vaso de agua en la mano. Y como el extintor, tiene un tamaño correcto: nadie instala espuma industrial para una tostada quemada, ni apaga una cocina en llamas soplando.
El error más caro en seguros no es contratar poco. Tampoco contratar mucho. Es contratar al revés: pólizas pequeñas para sustos pequeños, y ninguna para el susto que te cambia la década.
El principio que ordena todo lo demás
Solo hay una regla, y con ella decides casi cualquier seguro que te pongan delante:
Asegura lo que no podrías pagar de tu bolsillo. Lo que sí podrías pagar, no lo asegures: presupuéstalo.
Un móvil roto duele. Son unos cientos de euros y una tarde perdida, y con un fondo de emergencia en su sitio se resuelve sin drama. Por eso el seguro del móvil casi nunca sale a cuenta: pagas todos los meses por cubrir algo que ya podías cubrir tú.
Ahora cambia la escena. Se te cae una maceta a la calle y le abre la cabeza a alguien. O un escape de agua en tu piso arrasa dos plantas del edificio. Ahí no hay tarde perdida que valga: hay una cifra que no tienes ni vas a tener. Eso es lo que existe para asegurarse.
Puesto en una cuadrícula, se ve en dos segundos.
Los que suelen tener sentido
Con la cuadrícula en la cabeza, la lista corta se ordena sola. Esto es divulgación, no asesoramiento: te contamos el mecanismo, y la póliza la firmas tú después de leer las condiciones.
- Hogar. El más rentable de todos, y casi nadie lo contrata por el motivo bueno. Lo importante no es que te cubran el sofá: es la responsabilidad civil, la que responde cuando el daño se lo causas tú a otro (la maceta, el agua, el perro). Si tienes hipoteca, además, la ley española obliga a asegurar el continente, o sea, la reconstrucción del inmueble.
- Auto. El de responsabilidad civil es obligatorio en España, así que ahí no hay nada que decidir. Lo demás (todo riesgo, franquicia, terceros ampliado) se decide con la regla de siempre: según lo que valga el coche y lo que puedas asumir si lo pierdes.
- Salud. No hay respuesta universal. En España existe sanidad pública, así que el privado compra sobre todo tiempo de espera y comodidad, no supervivencia. Depende de tu caso, de tu edad y de si tu empresa lo ofrece en grupo.
- Vida e invalidez. La pregunta no es si te vas a morir. Es si alguien depende de lo que tú ingresas. Si nadie depende de tu sueldo, un seguro de vida es un gasto elegante. Si dependen una hipoteca y dos criaturas, es de los pocos productos que compran algo que no se puede comprar de otra forma. Y la invalidez suele importar más que el fallecimiento, porque es más probable y porque el gasto continúa mientras el ingreso se corta.
- Responsabilidad civil del autónomo. Si trabajas por tu cuenta y tu trabajo puede causar un daño a un cliente o a un tercero, esa póliza está barata para lo que evita. Y en varias actividades reguladas, además, es obligatoria.
Los que se venden mucho y se usan poco
Ninguno de estos es una estafa. Simplemente están del lado equivocado de la cuadrícula, y por eso el margen del vendedor es tan cómodo.
- Garantías extendidas de electrodomésticos y electrónica. En España ya existe una garantía legal del vendedor que la normativa de 2021 amplió a tres años para lo comprado desde 2022. Pagar aparte por cubrir un importe que ya podrías asumir tú puntúa, en la escala oficial de la casa, bastante abajo.
- Seguros de protección de pagos vinculados a un préstamo. Cubren la cuota si te quedas sin ingresos, con una lista de exclusiones y carencias que conviene leer entera antes de que la cubra el optimismo. A veces se ofrecen como condición para bonificar el tipo de interés, y ahí la cuenta hay que hacerla completa: prima anual contra bonificación real.
- Seguros de móvil, de bicicleta o de mascota barata. Todos comparten el mismo defecto: cubren importes que ya podrías pagar tú, cobrándote cada mes por el privilegio.
La letra pequeña que decide lo que cobras
Aquí no todo van a ser bromas, porque estas cuatro palabras deciden si tu extintor funciona o si solo hace ruido.
- Franquicia. Lo primero que pagas tú en cada siniestro. Subirla baja la prima, y tiene sentido si la tienes ahorrada. Es la forma honesta de decir "los sustos pequeños los pago yo".
- Carencia. El tiempo que tienes que llevar pagando antes de que ciertas coberturas se activen. En salud es lo normal para partos y determinadas intervenciones. Contratar en octubre para usarlo en noviembre casi nunca funciona.
- Preexistencias. Lo que ya tenías cuando firmaste. El cuestionario de salud no es un trámite: si algo se omite ahí, la compañía puede reducir la indemnización o negarla. Se rellena despacio, con la carpeta de informes al lado.
- Infraseguro. El más silencioso y el que más disgustos da. Consiste en asegurar la casa por menos de lo que vale reconstruirla. La Ley de Contrato de Seguro española, que es de 1980, recoge la llamada regla proporcional: si has asegurado la mitad del valor, cobras la mitad del daño. Aunque el daño sea pequeño.
Fíjate en el matiz, que es lo importante: el infraseguro no te castiga solo en la catástrofe. Te recorta en cada siniestro pequeño, durante años, sin que te enteres de por qué.
Los seguros que te pone la hipoteca
Cuando firmas una hipoteca aparecen dos pólizas: la de daños del inmueble, que la ley permite exigir, y las que el banco ofrece a cambio de bajarte el tipo (vida, hogar completo, protección de pagos). Estas segundas son voluntarias, aunque no siempre lo parezcan por el tono de la conversación.
La ley española de crédito inmobiliario de 2019 dejó claras dos cosas: que el banco no puede obligarte a contratar su compañía, y que debe aceptar una póliza alternativa con coberturas equivalentes sin empeorarte las condiciones del préstamo.
Traducido: en la mayoría de los casos puedes cambiar de aseguradora y conservar la bonificación, presentando la póliza nueva a tiempo antes de la renovación. Guárdalo todo por escrito, que en estas cosas gana el papel.
¿Y a ti en qué te afecta?
En que probablemente tienes una póliza de más y una de menos, y llevas años sin mirarlo.
La revisión son veinte minutos, y toca cada dos o tres años, o cada vez que la vida se mueva de sitio: nace un hijo, compras casa, te haces autónomo, se independizan los críos o se cancela la hipoteca. Tres preguntas por póliza:
- ¿Qué pasa si esto ocurre y no estoy cubierto? Si la respuesta es "lo pago y sigo", sobra.
- ¿El capital asegurado se parece a lo que cuestan las cosas hoy? Es donde nace el infraseguro, porque los precios de reconstrucción suben y el capital de la póliza se queda quieto.
- ¿Sigo pagando algo que se contrató para una vida que ya no llevo?
Cuando las pólizas están dentro de la caja de gastos fijos de tu arquitectura de cuentas, esta revisión se hace sola: las ves todas juntas una vez al año, con su importe al lado.
El momento honesto
Un seguro es un mal negocio en promedio, y tiene que serlo.
La compañía cobra a mil personas y paga a diez. Si te devolviera de media lo que le pagas, no existiría. Así que sí: estadísticamente vas a pagar más de lo que cobrarás. Ese es el precio de no depender del promedio.
Porque tú no vives mil vidas. Vives una, y en esa una el incendio pasa o no pasa. El seguro no te hace ganar dinero: te compra el derecho a que un mal día siga siendo solo un mal día. Confundir eso con una inversión es de los errores clásicos de finanzas personales, y es el que mejor rentabiliza quien vende seguros de ahorro con nombre de producto financiero.
Y una cosa más que tampoco se dice: hay riesgos que no se aseguran, se evitan. Si tu situación cae en la casilla ámbar de la cuadrícula, ninguna póliza te la va a arreglar barata.
Un seguro no se contrata por lo que cubre, sino por lo que te destrozaría si no lo cubriera nadie.
Preguntas frecuentes
¿Merece la pena el seguro de vida si tengo hipoteca?
Depende de quién quede detrás. Si alguien vive de tus ingresos y no podría pagar la cuota sin ellos, un capital que cancele la deuda evita que el problema económico se sume al personal. Si vives solo y nadie hereda esa carga, deja de ser prioritario. La ley no lo exige, aunque el banco lo bonifique.
¿Qué es la franquicia y cuándo conviene subirla?
Es la parte del siniestro que pagas tú antes de que entre la compañía. Subirla abarata la prima, y compensa cuando tienes ese importe ahorrado y disponible. Es la aplicación práctica del principio: los golpes que puedes absorber los absorbes tú, y le pagas a otro solo por los que no.
¿Puedo cambiar el seguro que me vendió el banco con la hipoteca?
En la mayoría de los casos sí. Desde la ley de crédito inmobiliario de 2019, la entidad debe aceptar una póliza de otra compañía con coberturas equivalentes y no puede empeorarte las condiciones del préstamo por ello. Compara coberturas, no solo precio, avisa antes de la renovación y guárdalo todo por escrito.
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