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Los seguros que sí necesitas (y los que te venden)

Un seguro solo tiene sentido cuando el golpe que cubre te arruinaría el año. Cuáles suelen valer la pena, cuáles se venden mucho y se usan poco, y la letra pequeña (franquicias, carencias, infraseguro) que decide lo que acabas cobrando.

Equipo EPL · 17/09/2026

Un seguro sirve para trasladar a otro un golpe que tú no podrías pagar. Por eso la pregunta correcta no es qué cubre, sino qué pasa si ocurre y no estás cubierto. Lo que puedes pagar de tu bolsillo sin que se te caiga la vida encima no necesita póliza: necesita colchón.

Vale, esa es la definición de manual. Ahora te lo contamos de verdad.

El extintor de debajo del fregadero

Nadie mira el extintor de la cocina y piensa "qué mal negocio, llevo diez años sin usarlo".

Un seguro es exactamente eso: un extintor. No lo compras esperando usarlo, lo compras para no quedarte mirando el fuego con un vaso de agua en la mano. Y como el extintor, tiene un tamaño correcto: nadie instala espuma industrial para una tostada quemada, ni apaga una cocina en llamas soplando.

El error más caro en seguros no es contratar poco. Tampoco contratar mucho. Es contratar al revés: pólizas pequeñas para sustos pequeños, y ninguna para el susto que te cambia la década.

El principio que ordena todo lo demás

Solo hay una regla, y con ella decides casi cualquier seguro que te pongan delante:

Asegura lo que no podrías pagar de tu bolsillo. Lo que sí podrías pagar, no lo asegures: presupuéstalo.

Un móvil roto duele. Son unos cientos de euros y una tarde perdida, y con un fondo de emergencia en su sitio se resuelve sin drama. Por eso el seguro del móvil casi nunca sale a cuenta: pagas todos los meses por cubrir algo que ya podías cubrir tú.

Ahora cambia la escena. Se te cae una maceta a la calle y le abre la cabeza a alguien. O un escape de agua en tu piso arrasa dos plantas del edificio. Ahí no hay tarde perdida que valga: hay una cifra que no tienes ni vas a tener. Eso es lo que existe para asegurarse.

Puesto en una cuadrícula, se ve en dos segundos.

Qué asegurar: lo que cuesta si pasa, contra lo probable que es Aquí sí: asegúralo Incendio o daños graves en tu casa Responsabilidad civil hacia terceros Invalidez o fallecimiento, si hay gente que vive de lo que ganas Poco probable, impagable si pasa Prima alta, y con motivo Aquí la compañía ya sabe lo que viene y te lo cobra en la cuota. Lo primero no es cubrir el riesgo: es reducirlo o evitarlo. Probable y caro Ni lo mires Cosas raras y de importe pequeño. Si pasan, las pagas y sigues. Poco probable y barato Presupuéstalo Pantalla del móvil, gafas, ruedas, el mantenimiento del coche. Es un gasto, no un imprevisto. Probable y barato Lo que te cuesta si pasa Alto Bajo Baja Alta Probabilidad de que te pase La casilla verde es la razón de ser de los seguros. Las otras tres se resuelven con ahorro, con prevención o no se resuelven.

Los que suelen tener sentido

Con la cuadrícula en la cabeza, la lista corta se ordena sola. Esto es divulgación, no asesoramiento: te contamos el mecanismo, y la póliza la firmas tú después de leer las condiciones.

Los que se venden mucho y se usan poco

Ninguno de estos es una estafa. Simplemente están del lado equivocado de la cuadrícula, y por eso el margen del vendedor es tan cómodo.

La letra pequeña que decide lo que cobras

Aquí no todo van a ser bromas, porque estas cuatro palabras deciden si tu extintor funciona o si solo hace ruido.

El infraseguro: si aseguras la mitad, cobras la mitad Reconstruir tu casa cuesta 200.000 € Tú la aseguraste por 100.000 € el 50 % de lo que vale Un día tienes un daño de 20.000 € La compañía te paga 10.000 € los otros 10.000 los pones tú 20.000 € × (100.000 / 200.000) = 10.000 € Cifras redondas de ejemplo. Algunas pólizas renuncian a aplicar la regla si usaste su propio cálculo de capitales: está escrito en las condiciones.

Fíjate en el matiz, que es lo importante: el infraseguro no te castiga solo en la catástrofe. Te recorta en cada siniestro pequeño, durante años, sin que te enteres de por qué.

Los seguros que te pone la hipoteca

Cuando firmas una hipoteca aparecen dos pólizas: la de daños del inmueble, que la ley permite exigir, y las que el banco ofrece a cambio de bajarte el tipo (vida, hogar completo, protección de pagos). Estas segundas son voluntarias, aunque no siempre lo parezcan por el tono de la conversación.

La ley española de crédito inmobiliario de 2019 dejó claras dos cosas: que el banco no puede obligarte a contratar su compañía, y que debe aceptar una póliza alternativa con coberturas equivalentes sin empeorarte las condiciones del préstamo.

Traducido: en la mayoría de los casos puedes cambiar de aseguradora y conservar la bonificación, presentando la póliza nueva a tiempo antes de la renovación. Guárdalo todo por escrito, que en estas cosas gana el papel.

¿Y a ti en qué te afecta?

En que probablemente tienes una póliza de más y una de menos, y llevas años sin mirarlo.

La revisión son veinte minutos, y toca cada dos o tres años, o cada vez que la vida se mueva de sitio: nace un hijo, compras casa, te haces autónomo, se independizan los críos o se cancela la hipoteca. Tres preguntas por póliza:

  1. ¿Qué pasa si esto ocurre y no estoy cubierto? Si la respuesta es "lo pago y sigo", sobra.
  2. ¿El capital asegurado se parece a lo que cuestan las cosas hoy? Es donde nace el infraseguro, porque los precios de reconstrucción suben y el capital de la póliza se queda quieto.
  3. ¿Sigo pagando algo que se contrató para una vida que ya no llevo?

Cuando las pólizas están dentro de la caja de gastos fijos de tu arquitectura de cuentas, esta revisión se hace sola: las ves todas juntas una vez al año, con su importe al lado.

El momento honesto

Un seguro es un mal negocio en promedio, y tiene que serlo.

La compañía cobra a mil personas y paga a diez. Si te devolviera de media lo que le pagas, no existiría. Así que sí: estadísticamente vas a pagar más de lo que cobrarás. Ese es el precio de no depender del promedio.

Porque tú no vives mil vidas. Vives una, y en esa una el incendio pasa o no pasa. El seguro no te hace ganar dinero: te compra el derecho a que un mal día siga siendo solo un mal día. Confundir eso con una inversión es de los errores clásicos de finanzas personales, y es el que mejor rentabiliza quien vende seguros de ahorro con nombre de producto financiero.

Y una cosa más que tampoco se dice: hay riesgos que no se aseguran, se evitan. Si tu situación cae en la casilla ámbar de la cuadrícula, ninguna póliza te la va a arreglar barata.

Un seguro no se contrata por lo que cubre, sino por lo que te destrozaría si no lo cubriera nadie.

Preguntas frecuentes

¿Merece la pena el seguro de vida si tengo hipoteca?

Depende de quién quede detrás. Si alguien vive de tus ingresos y no podría pagar la cuota sin ellos, un capital que cancele la deuda evita que el problema económico se sume al personal. Si vives solo y nadie hereda esa carga, deja de ser prioritario. La ley no lo exige, aunque el banco lo bonifique.

¿Qué es la franquicia y cuándo conviene subirla?

Es la parte del siniestro que pagas tú antes de que entre la compañía. Subirla abarata la prima, y compensa cuando tienes ese importe ahorrado y disponible. Es la aplicación práctica del principio: los golpes que puedes absorber los absorbes tú, y le pagas a otro solo por los que no.

¿Puedo cambiar el seguro que me vendió el banco con la hipoteca?

En la mayoría de los casos sí. Desde la ley de crédito inmobiliario de 2019, la entidad debe aceptar una póliza de otra compañía con coberturas equivalentes y no puede empeorarte las condiciones del préstamo por ello. Compara coberturas, no solo precio, avisa antes de la renovación y guárdalo todo por escrito.

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