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Materias primas agrícolas: comer también cotiza

La única familia de materias primas cuya oferta se renueva cada temporada, con el clima de socio y el almacenamiento de peaje. Cómo se toma exposición y por qué el grano suele ser la peor forma de hacerlo.

Por Raimond ·

Las materias primas agrícolas son los productos del campo que cotizan en mercados organizados: cereales como el trigo, el maíz o la soja, y los llamados blandos, como el café, el cacao o el azúcar. Su rasgo distintivo es que la oferta se renueva cada temporada, así que responde al precio en meses, no en décadas.

Vale, esa es la ficha. Ahora te lo contamos de verdad.

En cualquier pueblo con huertos se repite todos los años un fenómeno que ningún economista podría diseñar mejor.

Un verano se paga bien el calabacín. La noticia recorre el pueblo en tres tardes de bar. Y al año siguiente medio pueblo ha plantado calabacines. Resultado: hay tanto que la gente lo regala por encima de la tapia, y el que se lanzó a lo grande se come el error, con guarnición.

Eso, escalado a millones de hectáreas y con futuros por medio, es el mercado agrícola mundial. Todo lo demás son detalles.

Lo que las hace distintas: la oferta vuelve cada año

Las materias primas no se comportan como las acciones, y dentro de esa familia rara las agrícolas son las más raras de todas. El motivo es la velocidad de la oferta.

El resto tiene un problema de fábrica: tarda una eternidad en reaccionar. Si un metal se pone por las nubes, abrir una mina nueva lleva entre siete y quince años. Para cuando llega el mineral, la fiesta puede haber terminado.

El campo, no. El campo vuelve a empezar cada temporada. El agricultor mira el precio en invierno, decide qué siembra, y en cuestión de meses ese grano está en el mercado. Encima el hemisferio sur siembra en contraestación, así que el mundo cosecha dos veces al año.

Cuánto tarda la oferta en responder cuando sube el precio Una cosecha: 12 meses Se decide qué sembrar, se siembra y se cosecha. Ese mismo año ya hay más grano en el mercado. Una mina nueva: 10 años, y eso si todo sale bien Exploración 3 años Estudios y permisos 4 años Construcción 2 años Arranque 1 año 024 6810 años desde que el precio sube Plazos orientativos: dependen del cultivo, del hemisferio, del mineral y del país que concede los permisos. En agricultura, además, el hemisferio sur siembra en contraestación, así que la respuesta puede llegar antes.

Esto tiene una consecuencia enorme para ti: aquí los precios altos se curan solos, y rápido. Un precio alto es una invitación a sembrar más, y sembrar más es justo lo que hunde el precio siguiente. Por eso las grandes subidas agrícolas suelen ser picos y no mesetas, y comprar grano tras un titular de sequía es, casi siempre, llegar tarde y pagar el pánico de otro.

El clima manda, y el clima no firma contratos

Ahora el otro lado. Si la oferta se rehace cada año, también se destruye cada año.

Una sequía en una región productora grande, una helada fuera de calendario o una plaga cambian el balance mundial de un cultivo en semanas. Ni siquiera hace falta que falte comida: basta con que sobre menos de lo previsto. El dato que mira el sector es la relación entre las existencias y el consumo, y cuando ese colchón se estrecha el precio se vuelve nervioso y desproporcionado, porque nadie sabe qué hará el cielo el mes que viene.

De ahí una regla incómoda: en agrícolas, buena parte del resultado se decide por el tiempo que hace en sitios de los que no habías oído hablar. Puedes acertar en todo el análisis y equivocarte porque llovió.

Los fertilizantes: el cuello de botella que llega por la tubería del gas

Y aquí está el eslabón que casi nadie mira.

Para que una hectárea rinda hay que abonarla, y el abono nitrogenado se fabrica, en esencia, con gas natural. Gas caro significa fertilizante caro. Fertilizante caro significa un agricultor que abona menos, o que siembra menos superficie, o que se pasa a un cultivo que pide menos abono. Y esa decisión, tomada a la vez en miles de explotaciones, aparece en la cosecha del año siguiente.

Los otros dos grandes abonos, el potasio y el fosfato, salen de minas, y esas minas están en muy pocos países. Ahí el problema ya no es el gas: es la geografía.

Traducción para lerdos: el precio del grano no depende solo del grano. Depende también de una factura energética que se paga meses antes de sembrar.

Comida o combustible

Una parte enorme del maíz de Estados Unidos no se come: se convierte en etanol para la gasolina. Con los aceites vegetales pasa algo parecido, camino del biodiésel.

Eso tiende un puente extraño entre dos mundos que parecían separados. Cuando sube el petróleo, quemar grano es más rentable, y el grano para el depósito compite con el grano para el plato. La tensión no es teórica: es una de las razones por las que una crisis energética acaba apareciendo, meses después, en el precio del pan.

Con un matiz: buena parte de esa demanda no la decide el precio, la decide la ley, con los porcentajes obligatorios de mezcla. Es demanda por decreto, y cambia con una firma.

La pregunta incómoda: ¿está bien especular con comida?

Toca hacerla, porque saltárnosla sería tratarte como a un niño.

El argumento a favor del mercado es sólido. Los futuros agrícolas existen porque el agricultor necesita vender su cosecha antes de tenerla: cerrar hoy el precio de agosto le permite pedir el préstamo, comprar la semilla y dormir. Alguien tiene que ponerse al otro lado y quedarse con el riesgo del clima. Ese alguien es el especulador, y sin él la cobertura del agricultor no existe.

El argumento en contra también es sólido. Cuando entra mucho dinero financiero a la vez en un mercado estrecho, los movimientos se amplifican. Y una subida de precios que en Europa es una molestia en la cesta de la compra, en países donde la comida se lleva la mitad del sueldo es otra cosa muy distinta.

No vamos a resolver eso en un artículo, y quien te lo resuelva en tres líneas, miente. Lo que sí podemos decirte es qué haces cuando compras un producto cotizado de cereales: no compras sacos de trigo, compras contratos de futuros y los renuevas cada mes. Decide con esa información delante, no con un eslogan.

Cómo se toma exposición

Nuestra preferencia, que es opinión razonada y no dogma: la cadena de valor suele tener más sentido que el grano. El grano es un precio y nada más. Una empresa es un negocio que puede mejorar, subir precios, reinvertir y aguantar un mal año. Y te ahorras el peaje mensual de renovar futuros.

¿Y a ti en qué te afecta?

En que ya tienes posición, y la renuevas cada sábado en el súper. Tu factura mensual de comida es una exposición larga a materias primas agrícolas que no puedes vender.

Pero cuidado con el atajo mental de comprar trigo para cubrir la cesta de la compra, porque la transmisión es lenta y pequeña. En una barra de pan de un euro, el trigo son unos pocos céntimos: el resto es energía, transporte, mano de obra, envase y el margen de cada eslabón. Por eso cuando el cereal se dobla el pan no se dobla, y cuando el cereal se desploma el pan tampoco baja. El grano es la primera ficha de una fila muy larga.

Si lo que te preocupa es que la vida sube y tu dinero se queda quieto, la inflación se combate con el conjunto de la cartera, no comprando suelto el ingrediente que más sale en las noticias.

El momento honesto: aquí el almacenamiento se cobra

El grano ocupa sitio. Hay que meterlo en un silo, secarlo, protegerlo de bichos y asumir que una parte se estropea. Todo eso cuesta dinero, y ese coste está en el precio de los futuros lejanos: el contrato de dentro de nueve meses vale más que el de ahora porque incluye guardarlo.

¿Y qué le pasa entonces a un producto cotizado que replica futuros? Que cada vez que vence el contrato cercano tiene que venderlo y comprar el siguiente, más caro. Vende barato, compra caro, y repite la jugada todo el año. Ese goteo puede hacer que el precio del trigo suba y tu producto no suba, o incluso que baje. No es una estafa ni un defecto del producto: es cómo funciona el mercado, y lo tienes con detalle en contango y backwardation.

Por eso estos productos sirven para una apuesta táctica de unas semanas y son malísimos para comprar y olvidar. Y por eso casi nadie te lo cuenta antes de venderte la idea. Esto es divulgación, no asesoramiento: si entras, entra sabiendo qué peaje pagas cada mes.

El campo responde en una temporada. Esa es su gran virtud como negocio y su gran maldición como inversión.

Preguntas frecuentes

¿Se puede invertir en trigo o en maíz desde España?

Sí, sobre todo con productos cotizados que replican índices de futuros agrícolas, o comprando empresas de la cadena de valor: fertilizantes, semillas, maquinaria y comercializadoras. El grano físico no es opción para un particular: hay que almacenarlo, secarlo y asegurarlo. Vigila el coste de renovar futuros, que aquí es especialmente alto.

¿Las materias primas agrícolas protegen de la inflación?

A ratos y de forma irregular. Suben con fuerza en las crisis de alimentos, que es justo cuando aprieta la inflación de la cesta de la compra, pero también encadenan años enteros a la baja, porque el propio precio alto provoca más siembra. Como cobertura son un ingrediente táctico, no una pata estructural de la cartera.

¿Por qué mi producto agrícola no sube cuando sube el precio del cereal?

Casi siempre por el coste de renovar contratos. El producto no guarda grano: compra futuros y los sustituye por otros más lejanos, que suelen ser más caros porque incluyen el almacenamiento. Ese roce mensual se come parte de la subida, y a veces toda. Se llama contango, y en agrícolas pega más fuerte que en ningún sitio.

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