El semáforo fundamental es un método de análisis que califica diez ratios de una empresa en verde, ámbar o rojo según umbrales fijados de antemano. Sirve para ver de un vistazo si el negocio gana dinero, si puede con su deuda y si esa foto mejora o empeora, sin depender de un único indicador.
Esa es la definición. Ahora súbete al coche.
Arrancas y el salpicadero se enciende un segundo entero: aceite, batería, frenos, temperatura, neumáticos. Luego se apagan y te vas. Ninguna de esas luces te dice a dónde ir ni si el viaje merece la pena. Lo que te dicen, todas juntas, es si puedes hacerlo.
Y fíjate: el coche no te da una nota media. Te enseña el cuadro y decides tú. Con el aceite en rojo no sales del garaje aunque el resto esté impecable.
El semáforo fundamental es ese salpicadero, pero para una empresa cotizada.
Por qué diez luces y no un número
Un ratio suelto miente con facilidad. No porque esté mal calculado, sino porque un número solo no tiene contexto y siempre hay alguno que sale favorecido.
- Un PER bajísimo puede ser una ganga o el aviso de que ese beneficio es un pico que no se repetirá.
- Un margen espectacular puede convivir con una deuda que se come el negocio entero.
- Un dividendo generosísimo puede estar saliendo de deuda y no de la caja.
- Un crecimiento del 30% puede venir de comprar empresas con dinero prestado.
Cada uno, por su cuenta, te habría dado un "sí" entusiasta.
Aquí está la idea fina, que es toda la razón de ser del método: maquillar un ratio es fácil, maquillar diez a la vez sin dejar huella es casi imposible. La contabilidad es un sistema cerrado y, cuando aprietas por un lado, sale por otro: inflas el beneficio y la caja no acompaña, compras crecimiento y la deuda sube.
Un ratio suelto miente. El cuadro completo no sabe mentir tan bien.
Los diez ratios y su umbral orientativo
Estos son los diez de la casa, calibrados para una empresa industrial o de consumo normal.
1 · PER. Cuántas veces pagas el beneficio anual. Verde por debajo de 18, ámbar hasta 25, rojo por encima, siempre comparado con su sector: aquí, con detalle.
2 · ROIC. Cuánto gana por cada euro que emplea en el negocio. Verde por encima del 12%, ámbar entre el 7% y el 12%, rojo por debajo. Es el ratio favorito de los que saben.
3 · Deuda neta entre EBITDA. Cuántos años de beneficio operativo harían falta para devolver la deuda. Verde por debajo de 2 veces, ámbar hasta 3, rojo por encima. El detalle, aquí.
4 · Margen neto y su tendencia. Cuánto se queda de cada 100 euros facturados. Verde si lleva cinco años estable o subiendo, ámbar si se erosiona poco a poco, rojo si cae sostenidamente. La tendencia pesa más que el nivel: los márgenes separan un negocio de un hobby.
5 · Free cash flow. Verde si es positivo en toda la serie y se parece al beneficio neto, ámbar si es positivo pero muy inferior, rojo si es negativo de forma crónica. El dinero de verdad.
6 · Crecimiento de ingresos. Verde por encima del 5% anual sostenido, ámbar entre el 0% y el 5%, rojo en negativo dos años seguidos. Ojo: crecer por debajo de la inflación es encoger.
7 · Payout. La parte del beneficio que se reparte en dividendos. Verde por debajo del 60%, ámbar hasta el 80%, rojo por encima. Alarma extra: si el dividendo supera al free cash flow, se paga con deuda.
8 · Recompras o dilución. El número de acciones en circulación. Verde si baja o está plano, ámbar si sube menos de un 2% al año, rojo si sube más de un 3%: tu trozo del pastel encoge aunque el pastel crezca.
9 · Cobertura de intereses. El beneficio operativo dividido entre los intereses que paga. Verde por encima de 5 veces, ámbar entre 2,5 y 5, rojo por debajo de 2.
10 · Consistencia del beneficio. Más que un ratio, una serie: si ha ganado dinero los últimos diez años. Verde si sí, ámbar con un año en pérdidas, rojo con dos o más o con el beneficio en montaña rusa.
Cómo se lee el cuadro entero
Mira el ejemplo de arriba, con una empresa inventada. Seis luces verdes, tres ámbar y una roja. La tentación es contar: seis de diez, aprobado.
Error. El semáforo no es una nota media, es un mapa: lo que importa no es cuántas luces hay de cada color, sino dónde se agrupan.
Fíjate: deuda en ámbar, cobertura de intereses en ámbar y dos años en pérdidas de los últimos diez. No son tres problemas distintos: es el mismo contado tres veces, un negocio cíclico y endeudado. Cuando el ciclo acompaña, brilla, y de ahí salen los seis verdes. Cuando se gira, los intereses siguen ahí.
Eso es el hallazgo, y lo da el patrón, no ningún ratio suelto.
Tres reglas:
- Hay rojos eliminatorios y rojos cosméticos. Un free cash flow negativo crónico o una deuda impagable cierran la conversación. Un PER alto en una empresa que crece rápido es una pregunta, no una condena.
- Los colores se leen en serie, no en foto. Una empresa que pasa de tres verdes a siete cuenta algo muy distinto de la que va de siete a tres, aunque hoy coincidan.
- Mayoría en verde no es una orden de compra. Es un filtro de calidad, no una recomendación: te dice cómo es el negocio, no si el precio tiene sentido ni si aguantarás la próxima caída.
Qué hacer con los ámbar (aquí se gana el sueldo)
El verde no pide nada. El rojo suele ser un "no" rápido y barato, el mejor ahorro de tiempo que existe.
El trabajo está en el ámbar, que no significa "malo" sino "esto no se explica solo". Y la respuesta no está en otro ratio, está en el negocio:
- Busca la causa en el informe anual. Las notas y la explicación de la dirección suelen contarlo, aunque no alegremente. Si la deuda subió, no es lo mismo que fuera por comprar una empresa, por ampliar capacidad o por tapar agujeros.
- Compáralo con dos competidores. Si todo el sector está en el mismo ámbar, no es la empresa: es el barrio. Si es la única, es ella.
- Decide qué convertiría ese ámbar en rojo. Y escríbelo antes, no después: "si el año que viene la deuda pasa de 3 veces EBITDA, salgo". Eso es tener un criterio; lo demás es tener una opinión.
Ese último punto separa a quien analiza de quien colecciona números bonitos.
¿Y a ti en qué te afecta?
En que un método explícito te protege de ti mismo. Cuando una acción te gusta, el cerebro se pone creativo: encuentra razones, ignora las malas noticias y estira los plazos. Un cuadro con umbrales fijados de antemano no se emociona: está ahí antes de que te enamores y sigue igual después.
También te da comparabilidad: diez empresas medidas con la misma vara se ordenan solas.
El semáforo se pinta con las cuentas anuales delante. Es lo que hace Argos, nuestra terminal, sin que tengas que montar la hoja de cálculo. Pero funciona igual con papel y boli, y esa parte te la llevas gratis.
Ahora la parte honesta
Tres avisos, porque vender el método sin sus límites sería venderte humo.
Los umbrales son convenciones, no leyes de la física. Un banco no tiene deuda entre EBITDA que valga (su materia prima es la deuda) y una eléctrica vive tranquila en niveles que en otro sector serían alarma. Compara siempre dentro del sector.
El semáforo mira por el retrovisor. Todos los datos son pasados: diez verdes describen lo que la empresa ha sido, no lo que será.
Falta la mitad del análisis, la cualitativa. Por qué esta empresa puede cobrar más que su competencia y cuánto le durará esa ventaja. Nada de eso cabe en un ratio, y a menudo decide el resultado a diez años. Esto es divulgación, no asesoramiento: investiga, no copies.
Ninguna luz del salpicadero te dice a dónde ir. Todas juntas te dicen si el coche llega. El destino sigue siendo cosa tuya.
Preguntas frecuentes
¿Cuántos ratios en verde hacen falta para comprar una acción?
No hay número mágico, y desconfía de quien te dé uno. El semáforo filtra calidad, no oportunidad: una empresa con diez verdes puede estar carísima, y otra con tres ámbar puede ser buena compra si sabes explicarlos. Sirve más para descartar rápido que para decidir.
¿Sirve el semáforo fundamental para bancos y aseguradoras?
Con matices. Los bancos trabajan con deuda como materia prima, así que la deuda entre EBITDA y la cobertura de intereses pierden el sentido. Para el sector financiero se usan otras varas: solvencia, morosidad y rentabilidad sobre fondos propios. El resto del cuadro sigue contando.
¿Cada cuánto conviene repasar el semáforo de una empresa?
Una vez al año con las cuentas anuales, que es cuando llega la información auditada, más un vistazo trimestral a lo que se mueve deprisa: deuda, caja y márgenes. Repasarlo cada semana no aporta nada, porque los negocios cambian a ritmo de trimestres y no de titulares.
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