Salir de deudas consiste en pagar los mínimos de todas y volcar cada mes el dinero que te sobra en una sola. Hay dos formas de elegir cuál: la bola de nieve ataca primero la deuda con menor saldo, y la avalancha, la de mayor interés. La avalancha ahorra más dinero; la bola de nieve se abandona menos.
Esa es la definición limpia. Ahora vamos con lo que pasa de verdad.
Dos escuelas para limpiar la misma parcela
En esta casa hay huerto, así que nos vas a permitir la imagen. Cuando una parcela lleva dos veranos abandonada, se llena de zarzas. Y para limpiarla hay dos escuelas.
La primera dice que empieces por la zarza grande, la que te pincha desde la valla. Es la que más terreno te devuelve por cada hora de trabajo. Es puro cálculo.
La segunda dice que empieces por la esquina pequeña, la del grifo. En una tarde la tienes limpia, vuelves a ver un trozo de tierra negra, y con eso vuelves al día siguiente.
Las dos escuelas tienen razón. Y la parcela solo se limpia si vuelves al día siguiente.
Antes de elegir método: la lista que casi nadie tiene
Pregunta incómoda. ¿Cuánto debes exactamente? No "unos doce mil y pico". La cifra, al euro.
Casi nadie la tiene, y no es por dejadez. Las deudas no llegan juntas: llegan de sitios distintos, en años distintos, y cada una tiene su recibo en un cajón diferente. Por eso el primer paso del plan no es pagar. Es mirar.
Una línea por deuda, con cuatro datos y ninguno más:
- A quién le debes.
- Cuánto queda pendiente hoy (el saldo, no lo que pediste).
- Cuánto pagas al mes (el mínimo obligatorio).
- A qué TAE. Esta es la que ordena. Y aquí es donde suelen aparecer arriba del todo las tarjetas revolving, que es exactamente su gracia y su problema.
Dos avisos de campo. El primero: mientras haces la lista aparecerá una deuda que habías olvidado. Le pasa a todo el mundo. El segundo: la lista da un susto la primera vez y alivio la segunda, porque un problema con número deja de ser un problema con niebla.
Con la lista delante, suma los mínimos y decide cuánto puedes poner por encima cada mes. Ese extra es el motor entero del plan. Y sale de mirar en qué se va el dinero, que es harina de otro costal y de un presupuesto que sí funcione.
Los dos métodos, en una frase cada uno
Bola de nieve. Ordenas por saldo, de menor a mayor. Pagas los mínimos de todas y el extra va íntegro a la más pequeña. Cuando cae, su cuota se suma al extra y ataca a la siguiente. La bola crece. Su fuerza es psicológica: tachar una línea de la lista.
Avalancha. Ordenas por TAE, de mayor a menor. Mismo mecanismo, distinto orden. Su fuerza es aritmética: cada euro va al sitio donde más daño está haciendo el interés.
Mira los dos aplicados a la misma lista.
Lo que dice el gráfico (y lo que la gente espera que diga)
Tres lecturas, y la tercera es la importante.
Uno: la avalancha gana, pero por poco. Ahorra 225 € y en este ejemplo las dos terminan el mismo mes. Es dinero real, no lo despreciamos. Pero no es la diferencia entre la ruina y la libertad, que es como a veces se vende.
Dos: la bola de nieve tacha la primera línea en el mes 3; la avalancha, en el mes 12. Nueve meses de diferencia hasta la primera victoria. Y ahí está todo el debate, porque un plan que no da señales de vida en casi un año es un plan que mucha gente deja a medias. Fíjate además en un detalle que lo resume: la bola de nieve manda el dinero extra al móvil a plazos, que no cobra ni un euro de interés. Matemáticamente es tirar el turno. Psicológicamente es empezar a ganar.
Tres: no elegir cuesta muchísimo más que elegir mal. Pagando solo los mínimos son 38 meses y 2.737 €. Un año entero más de vida con esto encima, y unos 1.200 € extra de intereses. Comparado con eso, discutir si son 225 € arriba o abajo es discutir el color de la desbrozadora.
Qué haces con el colchón mientras tanto
La tentación es volcar hasta el último euro contra la deuda. Suena valiente y funciona fatal.
Porque llega la avería del coche, la muela o la nevera, y sin nada detrás solo tienes una salida: la tarjeta. Vuelves a la casilla de salida, y encima con la moral por los suelos, que es el recurso que de verdad no puedes permitirte perder.
Lo razonable mientras dura el plan es mantener un colchón pequeño pero real: un mes de gastos básicos si puedes, y si no llegas, lo que sea, pero que exista. Cuando la última deuda cara esté cerrada, ese colchón crece hasta convertirse en un fondo de emergencia de verdad. Antes no: primero se tapa la vía de agua.
La reunificación: lo que te enseñan y lo que no
La reunificación junta todas tus deudas en un préstamo nuevo con una sola cuota. Lo que te enseñan es la cuota: de 575 € a 300 €, por ejemplo. El alivio es inmediato y es verdad.
Lo que no se enseña con la misma letra grande:
- El plazo. La cuota baja porque el préstamo dura el doble o el triple. Nadie ha rebajado nada, se ha estirado.
- Los intereses totales. Casi siempre suben, aunque el tipo del préstamo nuevo sea menor, porque los pagas durante muchos más años.
- Las comisiones. De apertura, de cancelación de las deudas viejas y, a veces, del intermediario que monta la operación.
- La garantía. Y este es el gordo. Muchas reunificaciones convierten deuda sin garantía en deuda con tu vivienda detrás. Cambias el riesgo de que te llamen por teléfono por el riesgo de perder la casa. Eso no es refinanciar: es ascender el problema de categoría.
¿Cuándo puede tener sentido? Cuando la TAE nueva es de verdad mucho más baja, mantienes o acortas el plazo, y no metes la vivienda en el ajo. Y siempre, siempre, con el gasto que generó la deuda ya corregido, porque si no, en dos años tienes la reunificación y las tarjetas otra vez con saldo. Esa distinción, la de para qué sirve cada deuda, es la que separa la deuda buena de la deuda mala. Esto es divulgación, no asesoramiento: los números de tu caso los tienes tú.
¿Y a ti en qué te afecta?
En el plazo, sobre todo. Esto no son seis semanas: son meses o años, y conviene saberlo el primer día para no rendirse el tercero.
Habrá un mes malo. Un mes en que no puedas poner el extra, o en que retrocedas. No es el final del plan, es un mes malo. El plan se rompe cuando dejas de mirar la lista, no cuando un mes cuadra peor.
Y celebrar cada deuda cerrada no es una tontería de vídeo motivacional: es parte del mecanismo. Tachar una línea es lo que hace que en el mes catorce sigas ahí.
Una última cosa, porque hace falta decirla. Tener deudas no te convierte en un desastre. Sueldos que no siguen a los precios, un divorcio, una baja larga, un coche que se muere en el peor momento. La lista de deudas no es un juicio sobre ti. Es un mapa, y los mapas solo sirven para lo mismo: para salir.
El método perfecto sobre el papel no vale nada si lo abandonas en el mes cuatro. El bueno es el que sigue en pie en el mes catorce.
Preguntas frecuentes
¿Bola de nieve o avalancha, cuál es mejor?
La avalancha, en euros: al atacar primero el interés más alto siempre paga menos intereses. La bola de nieve gana en constancia, porque cierra la primera deuda mucho antes y eso sostiene el plan. Si las deudas caras son también las grandes, la diferencia se dispara y conviene la avalancha.
¿Debo seguir ahorrando mientras pago deudas?
Sí, pero poco y con un solo objetivo: que el primer imprevisto no te devuelva a la tarjeta. Un colchón pequeño, del orden de un mes de gastos básicos, mientras dura el plan. El fondo de emergencia completo se construye después, cuando la deuda cara ya está cerrada.
¿Merece la pena reunificar deudas?
Solo si la TAE nueva es claramente más baja, no alargas el plazo y no aportas tu vivienda como garantía. Si la cuota baja únicamente porque el préstamo dura el triple, acabarás pagando más intereses. Y si el gasto que causó la deuda sigue igual, la reunificación solo compra tiempo.
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