Una put es un contrato que te da el derecho, pero no la obligación, de vender un activo a un precio fijado de antemano (el strike) antes de una fecha concreta (el vencimiento). Pagas una prima por ese derecho y no la recuperas. Quien te la vende cobra la prima y se compromete a comprarte el activo.
Vale, esa es la definición de manual. Ahora te lo contamos de verdad.
Es el seguro del coche, pero de tu cartera
Cada año pagas el seguro del coche. Cuatrocientos euros, pongamos. Y cada año, si todo va bien, ese dinero se va y no vuelve. No te dan un premio por conducir con cuidado.
Nadie llama a eso una mala inversión. Nadie dice que el seguro le ha salido regular porque este año no lo usó. Lo pagas precisamente para no tener que usarlo.
Y el día que un señor con prisa te cruza en una rotonda, no piensas en los cuatrocientos euros. Piensas en la suerte que tienes de haberlos pagado.
Una put es eso mismo, aplicado a lo que tienes en el bróker. Pagas una prima, y a cambio, si el activo se hunde, alguien te lo compra al precio pactado. El resto del tiempo, la prima se va. Igual que el seguro.
La diferencia con el coche es que aquí puedes contratar el seguro sobre algo que ni siquiera tienes, y ahí es donde el instrumento deja de ser un seguro y pasa a ser otra cosa. Ahora vamos.
El ejemplo con números redondos
Inventamos una acción, porque los ejemplos con empresas reales envejecen mal. Números falsos y elegidos para que la aritmética se vea a simple vista.
La acción cotiza hoy a 100 €. Compras una put con strike 95 y vencimiento dentro de tres meses. La prima cotiza a 2 € por acción.
Un contrato de opciones sobre acciones equivale, como estándar, a cien acciones. Así que la prima de 2 € se traduce en 200 € que salen de tu cuenta hoy.
Cómo termina la película:
- La acción acaba por encima de 95. Tu derecho a vender a 95 no sirve de nada, porque en el mercado te pagan más. La opción vence sin valor y pierdes los 200 €. Como el seguro del año que no chocaste.
- La acción acaba entre 93 y 95. El derecho ya vale algo, pero no ha cubierto la prima. A 94 recuperas 100 € de los 200.
- La acción acaba por debajo de 93. Ahí empiezas a ganar. A 85, el contrato vale 1.000 € y, descontada la prima, te quedan 800 limpios. A 80 valdría 1.500 y ganarías 1.300.
El punto de equilibrio es 93, y sale de una resta que haces de cabeza: el strike menos la prima, 95 menos 2.
La forma del dibujo es la firma de la put comprada: un techo plano a la derecha (nunca pierdes más de 200 €) y una rampa que sube hacia la izquierda, según cae la acción, con un tope teórico el día que el activo llegue a cero.
Los dos usos legítimos de comprar una put
Uno: proteger algo que ya tienes. Es la put protectora, y es el uso noble del instrumento. Llevas cien acciones compradas a 100 €, no quieres venderlas (por convicción, por fiscalidad, por lo que sea) y tampoco quieres pasar los próximos meses mirando la pantalla de reojo. Compras una put de strike 95 y le pones un suelo a la caída. Pase lo que pase, tienes derecho a vender a 95.
Cuesta 200 €. Ese es el precio de dormir tranquilo, y se paga por adelantado. Si te parece caro, existe una versión que se financia sola vendiendo la parte alta de la subida: el collar, con la servidumbre correspondiente, porque nadie regala nada.
Dos: apostar a la caída con la pérdida acotada. Si crees que algo va a bajar, tienes dos caminos. Ponerte corto sobre la acción, donde tu pérdida no tiene un límite conocido si el precio sube y sube. O comprar una put, donde tu pérdida máxima son los 200 € y punto, aunque la acción se dispare hasta el infinito.
Esa es la diferencia práctica que más importa entre las dos formas de apostar a la baja: una tiene el riesgo acotado por contrato y la otra no. A cambio, la put tiene fecha de caducidad y el corto no.
El otro lado: quien te vende el seguro
Al otro lado del contrato hay alguien que cobra tus 200 € y se compromete a comprarte las acciones a 95 si se lo pides.
Su ganancia máxima son esos 200 €. Ni un euro más, por muy bien que vaya todo. Y aquí va el riesgo, en el mismo párrafo que la ventaja y no en una nota al final: si la acción se hunde, tendrá que comprar a 95 algo que en el mercado vale mucho menos. Con la acción a 60, compra por 9.500 € un paquete que vale 6.000. La pérdida está acotada por el cero, sí, pero acotada no significa pequeña.
Cuando el vendedor tiene el efectivo apartado y de verdad quiere esas acciones a ese precio, la operación tiene sentido propio y se llama put vendida con efectivo. Cuando no lo tiene, está firmando una compra que no puede pagar. Y eso, en un mercado que cae, se descubre en el peor momento posible.
¿Y a ti en qué te afecta?
En que las puts casi siempre cuestan más que las calls equivalentes, y eso explica una parte de cómo funciona el mercado en el que inviertes.
Compara nuestros dos ejemplos: la call estaba a 5 € del precio y costaba 3; la put estaba a 5 € del precio y costaba 2. En la vida real suele pasar justo lo contrario, y la put a la misma distancia sale más cara. El motivo es simple y muy humano: el miedo se paga.
Las caídas de bolsa son rápidas y desordenadas, mientras que las subidas suelen ser lentas. Además, mucha gente compra puts para protegerse (demanda de seguro) mientras casi nadie tiene prisa por comprar calls muy lejanas. Esa asimetría deja huella en los precios y tiene nombre técnico: el skew, la sonrisa de volatilidad.
Traducción para tu bolsillo: la protección está más cara justo cuando más te apetece contratarla. Cuando ya huele a humo, el extintor sube de precio.
El momento honesto
Ahora la parte incómoda, porque aquí no vendemos humo.
La protección permanente es cara. Quien compra puts todos los meses, mes tras mes y año tras año, suele acabar pagando en primas bastante más de lo que le ahorran las pocas veces que el seguro entra en funcionamiento. No es un fallo del producto: es que el precio de las opciones ya incorpora la probabilidad de que ocurra el desastre, y quien las vende también quiere ganarse la vida.
Un seguro que cubre lo que pasa la mitad de los días no es un seguro, es una suscripción a la ansiedad.
Por eso el uso sensato de las puts no suele ser cubrir siempre, sino cubrir en momentos concretos, con un motivo concreto y por un plazo concreto. Un vencimiento importante, una posición que se ha hecho demasiado grande, un dinero que necesitas dentro de seis meses. Y aceptando el coste con los ojos abiertos.
También hay una alternativa que no cuesta primas y que casi nadie considera: llevar menos cantidad. Reducir el tamaño de una posición es la única cobertura gratis que existe, y no caduca.
Esto es divulgación para que entiendas el contrato, no asesoramiento ni una invitación a comprar coberturas. Si vienes de cero, el orden natural es opciones desde cero y después la otra mitad del mapa, qué es una call.
Una put no evita la caída. Solo decide, por adelantado y por escrito, hasta dónde te va a doler.
Preguntas frecuentes
¿Para qué sirve comprar una put?
Para dos cosas. Una, proteger acciones que ya tienes poniendo un suelo a la caída, igual que un seguro del coche. Dos, apostar a que algo baja con la pérdida limitada a la prima, en lugar de ponerte corto, donde la pérdida no tiene un límite conocido. En ambos casos, si no pasa nada, la prima se pierde entera.
¿Cuánto cuesta cubrir una cartera con puts?
Depende del plazo, de la distancia al precio actual y del miedo que haya en el mercado en ese momento, y ese último factor puede multiplicar la factura. Por eso la cobertura permanente suele salir cara: quien compra protección todos los meses acaba pagando más en primas de lo que le ahorra el seguro cuando entra.
¿Por qué las puts son más caras que las calls?
Porque las caídas son rápidas y desordenadas mientras las subidas son lentas, y porque hay mucha más gente buscando protección que gente comprando subidas lejanas. Esa demanda desigual encarece las puts a igual distancia del precio. El fenómeno se llama skew y se ve en cualquier cadena de opciones.
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