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Spread bajista: cubrirse o apostar a la caída con red

Compras una put de strike alto y vendes otra más baja con el mismo vencimiento. Sale más barato que la put suelta y la pérdida está acotada, pero la protección se acaba justo donde empieza el susto de verdad.

Por Raimond ·

Un spread bajista consiste en apostar a la caída con la pérdida acotada. La versión habitual usa dos puts del mismo vencimiento: compras la de strike alto y vendes la de strike bajo. La prima que cobras abarata la operación, y a cambio la protección deja de crecer por debajo del strike vendido.

También se puede montar con calls, vendiendo la de strike bajo y comprando la de strike alto. El dibujo final es el mismo. Ahora te lo contamos con una manta.

La manta corta

Todos hemos dormido con esa manta. La que da para los hombros o para los pies, pero nunca para los dos a la vez.

No es una mala manta. Abriga perfectamente lo que tapa. El problema aparece a las cuatro de la mañana, cuando resulta que lo que se te ha quedado fuera es justo lo que tenías frío.

Un spread bajista es esa manta. Te cubre un tramo de la caída, el primero, y lo hace más barato que una put suelta. Por debajo de ese tramo, los pies al aire.

Y ahora la pregunta incómoda: ¿cuál es el escenario que de verdad te quita el sueño? ¿Que tu cartera baje un 10% o que se desplome un 40%? Porque la manta corta te tapa del primero y te deja destapado en el segundo.

El ejemplo con números redondos

Números inventados y elegidos para que la aritmética se vea de un vistazo.

La acción cotiza a 100 €. Montas la operación con dos puts del mismo vencimiento:

Coste neto: 4 € por acción, o sea 400 € por contrato, porque el contrato estándar son cien acciones. Ese es todo tu desembolso y también toda tu pérdida posible.

Spread bajista: compras la put de 100 por 6 € y vendes la de 90 por 2 € +600 € +400 € +200 € 0 € -200 € -400 € 85 90 95 100 105 vendes compras precio de la acción al vencimiento (€) beneficio máximo 600 € El agujero: por debajo de 90 la protección deja de crecer. Tu cartera sigue cayendo sola. pérdida máxima 400 € equilibrio 96 Ejemplo inventado, sin comisiones ni impuestos y mirando solo el día del vencimiento. No es una recomendación de operación.

Fíjate en la meseta verde de la izquierda. Ahí es donde vive el problema del que casi nadie habla, y en un minuto vamos con él.

Los dos usos legítimos

Uno: cubrir parcialmente lo que ya tienes. Llevas cien acciones compradas a 100 € y no quieres venderlas. Una put suelta de strike 100 te cuesta 600 € y te cubre toda la caída. El spread te cuesta 400 y te cubre los primeros 10 €. Pagas un tercio menos por dormir un poco menos tranquilo.

Dos: apostar a la caída con red. Si crees que algo va a bajar, la alternativa clásica es ponerte corto sobre la acción. Ahí tu pérdida no tiene un tope conocido, porque no existe un precio al que las acciones dejen de subir por reglamento. Con el spread bajista, tu pérdida máxima son 400 € escritos desde el primer día, pase lo que pase y aunque salga una opa por sorpresa.

Esa es la diferencia práctica que más importa entre las dos formas de apostar a la baja: una tiene el riesgo acotado por contrato y la otra no. A cambio, el spread caduca y el corto no.

El agujero de la manta

Aquí viene la parte fea, y es la que convierte esta estrategia en un malentendido muy caro.

Repasemos con la cartera de cien acciones compradas a 100 €:

Con la put suelta de 100, que costaba 600 €, ese segundo escenario habría terminado con 600 € de pérdida en lugar de 2.400.

Traducido: la cobertura barata te protege del susto y te deja solo en la catástrofe. Y la catástrofe es justo el escenario por el que uno se plantea cubrirse. Por debajo del strike vendido vuelves a estar tan expuesto como el vecino que no hizo nada, solo que 400 € más pobre.

No es un defecto del producto. Es lo que has comprado. Pero conviene saberlo antes y no el día del castañazo.

La misma forma con calls

Se puede dibujar el mismo perfil cobrando en vez de pagando. Con la acción en 100, vendes la call de 90 (que está dentro del dinero y cotiza a 12) y compras la call de 100 (que cotiza a 6). Entran 600 € netos.

Las cuentas coinciden con las de antes: si acaba por debajo de 90, las dos calls vencen sin valor y te quedas los 600 €. Si acaba por encima de 100, pagas los 1.000 € de diferencia entre strikes menos los 600 cobrados, y ahí están tus 400 € de pérdida máxima. Equilibrio en 96.

La letra pequeña cambia. En la versión con calls, la opción que vendes está dentro del dinero desde el minuto uno, así que el riesgo de que te la ejerzan antes de tiempo es real, sobre todo si la acción reparte dividendo. El bróker, además, te bloquea garantías mientras la posición esté viva. Nada de esto la hace peor: la hace distinta, y hay que saber qué harías el día que suene el teléfono.

El skew: la pata que compras siempre está cara

Hay un detalle que encarece esta operación y que no aparece en los diagramas.

Las puts más alejadas del precio no cotizan proporcionalmente. La put de 100 y la de 90 no valen lo mismo por euro de distancia, porque el mercado paga un plus por la protección. Ese fenómeno se llama skew, la sonrisa de volatilidad, y tiene una consecuencia práctica muy concreta: la pata que compras (la de arriba, la que protege) suele estar cara en términos de volatilidad, y la que vendes está algo más barata.

El miedo se paga, y en un spread bajista tú estás casi siempre en el lado de quien lo compra.

¿Y a ti en qué te afecta?

En que la palabra "cubrirse" suena a gratis y no lo es.

Cada vez que veas una cobertura barata, busca el agujero. Siempre hay uno, porque si no lo hubiera no sería barata. En el spread bajista está en el suelo: la protección se acaba en el strike vendido. En otras estructuras estará en el plazo, o en el importe, o en la letra pequeña de cuándo se activa.

Y hay una alternativa que no cuesta primas y que casi nadie se plantea: llevar menos cantidad. Vender una parte de la posición no caduca, no tiene horquilla y no depende de que aciertes el momento. Antes de montar cuatro patas para dormir tranquilo, merece la pena preguntarse si lo que toca es vender un poco.

El momento honesto

Cubrirse siempre cuesta dinero. Siempre. La única duda es cuánto, cuándo lo pagas y a cambio de qué tramo.

Quien cubre su cartera mes tras mes acaba pagando en primas bastante más de lo que le devuelven las pocas veces que el seguro entra. No es un fallo del mercado: el precio de las opciones ya incorpora la probabilidad del desastre, y quien las vende también quiere comer.

Por eso el spread bajista tiene sentido en momentos concretos, con un motivo concreto y por un plazo concreto, no como suscripción permanente. Y con el tamaño mirado antes de entrar, que es donde se decide casi todo en este mundo: lo tienes desarrollado en gestión del riesgo en opciones.

Si vienes de cero, el orden natural es entender primero qué es una put y luego su reflejo alcista, el spread alcista. Esto es divulgación para que entiendas el contrato, no asesoramiento ni una invitación a cubrir nada.

Una cobertura barata es una cobertura incompleta. Y el agujero está siempre en el escenario que menos te apetece imaginar.

Preguntas frecuentes

¿Un spread bajista protege toda mi cartera?

No. Protege un tramo de la caída, el que va del strike comprado al vendido, y solo sobre las acciones que cubra el contrato (cien por contrato). Por debajo del strike vendido tu posición vuelve a caer sin red. Es más barato que una put suelta precisamente porque cubre menos.

¿Es mejor con puts o con calls?

El perfil de resultado es el mismo con los mismos strikes y vencimiento. Cambia la mecánica: con puts pagas por adelantado y no hay garantías bloqueadas; con calls cobras la prima, el bróker te retiene garantías y la opción vendida está dentro del dinero, así que puede haber ejercicio anticipado. Elige la que consigas ejecutar a mejor precio.

¿Cuánto puedo perder con un spread bajista?

Como máximo, lo que pagaste al montarlo: 400 € por contrato en nuestro ejemplo, y se pierde entero si la acción acaba en el strike comprado o por encima. En la versión con calls, la diferencia entre strikes menos la prima cobrada, que da la misma cifra. Es la ventaja frente a ponerse corto, donde la pérdida no tiene tope conocido.

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