Una call es un contrato que te da el derecho, pero no la obligación, de comprar un activo a un precio fijado de antemano (el strike) antes de una fecha concreta (el vencimiento). Por ese derecho pagas una prima que no recuperas, ejerzas o no. Quien te la vende cobra la prima y asume la obligación de vendértelo.
Vale, esa es la definición de manual. Ahora te lo contamos de verdad.
Es la reserva de toda la vida
Sábado por la mañana. Ves un piso que te encaja, doscientos mil euros, pero no puedes firmar todavía. Dejas tres mil de señal y el dueño se compromete a vendértelo a ese precio durante los próximos tres meses.
Si el barrio se pone de moda y el piso se va a doscientos treinta mil, ejerces: pagas los doscientos mil pactados y te llevas una casa que vale treinta mil más.
Si resulta que debajo abren un bar de copas, no firmas. Pierdes los tres mil y te vas a tu casa de siempre.
Eso es una call. Toda la mecánica está ahí: un precio pactado, un plazo, una señal que pagas por delante y que no vuelve. El piso es el subyacente, los doscientos mil son el strike, los tres meses son el vencimiento y los tres mil son la prima.
La diferencia con el piso es que en el mercado la señal cotiza. Cambia de precio cada minuto y la puedes revender sin llegar a firmar nada. De hecho, la mayoría de las calls se cierran así, vendiendo el contrato, y no ejerciendo el derecho.
El ejemplo con números redondos
Vamos a inventarnos una acción, porque los ejemplos con empresas reales envejecen mal y encima dan ideas raras. Números redondos, todos falsos y elegidos para que la aritmética se vea a simple vista.
La acción cotiza hoy a 100 €. Compras una call con strike 105 y vencimiento dentro de tres meses. La prima cotiza a 3 € por acción.
Y aquí llega el primer detalle que sorprende a todo el mundo: un contrato de opciones sobre acciones equivale, como estándar, a cien acciones. Así que esa prima de 3 € no cuesta 3 €. Cuesta 300 €, que salen de tu cuenta el mismo día.
A partir de ahí, el mundo se divide en tres:
- La acción termina por debajo de 105. Tu derecho a comprar a 105 no vale nada, porque en el mercado está más barata. La opción vence sin valor y pierdes los 300 € completos. Los 300, no una parte.
- La acción termina entre 105 y 108. Tu derecho ya vale algo, pero todavía no ha cubierto lo que pagaste. A 107, por ejemplo, recuperas 200 € de los 300. Pierdes 100.
- La acción termina por encima de 108. Ahí empiezas a ganar de verdad. A 110 el contrato vale 500 € y, descontada la prima, te quedan 200 € limpios. A 120 valdría 1.500 € y ganarías 1.200.
Ese 108 es el punto de equilibrio, y sale de una suma que puedes hacer de cabeza: strike más prima, 105 + 3. Por debajo de esa cifra, aunque hayas acertado que la acción subía, pierdes dinero.
Fíjate en la forma del dibujo, porque es la firma de la call comprada: un suelo plano a la izquierda (pierdas lo que pierdas, nunca pasa de 300 €) y una rampa a la derecha que sigue subiendo hasta donde alcance la vista.
Los dos lados del contrato
Cada call que existe tiene un comprador y un vendedor, y sus riesgos no se parecen en nada.
El comprador paga la prima. Su pérdida máxima está escrita desde el primer segundo: 300 € en nuestro ejemplo, ni un euro más, pase lo que pase con la acción. Su ganancia, en cambio, no tiene un techo conocido, porque una acción puede subir mucho y no hay una cifra que diga hasta aquí. Es la asimetría que hace atractiva la compra de calls, y la que atrae también a gente que no debería estar ahí.
El vendedor cobra la prima el primer día y asume la obligación de vender las acciones a 105 si se lo piden. Su ganancia máxima son esos 300 €. Ni uno más. Y ahora la parte que hay que decir aquí mismo, no en una nota al pie:
Si el vendedor no tiene las acciones (una call descubierta), su pérdida no tiene un límite conocido. Si la acción se va a 160, tendrá que comprarla a 160 en el mercado para venderla a 105. Son 5.500 € de pérdida menos los 300 cobrados. Y a 200 sería peor. Cobró 300 € por asumir un riesgo sin techo.
Cuando el vendedor sí tiene las cien acciones, la operación cambia de naturaleza y se llama call cubierta: ya no pierde dinero de la cuenta, renuncia a la subida por encima del strike. Que también escuece, pero es otra cosa muy distinta. Los dos lados de la mesa, comparados con calma, están en comprar o vender opciones.
¿Y a ti en qué te afecta?
Para qué se usa de verdad una call comprada, más allá de la apuesta de fin de semana:
- Para tomar posición con una cantidad limitada de dinero en riesgo. Sabes desde el principio el máximo que puedes perder, y no hay llamada de garantías que valga. Comprar la acción tiene otro riesgo, pero también otro coste de entrada.
- Para no quedarte fuera mientras decides. El caso del piso: quieres entrar en algo pero tienes el dinero pillado unas semanas. La call te reserva el precio, y la reserva cuesta.
- Para reservar el precio de algo que acabas de vender. Si vendiste unas acciones y te da miedo que se escapen hacia arriba, una call te deja volver a un precio conocido. Sigue costando la prima.
Lo que no es una call: un atajo para multiplicar una cuenta pequeña. Con 300 € puedes controlar cien acciones que valen 10.000 €, y esa desproporción es justo la trampa. La exposición no es lo que has pagado, es lo que mueves.
El momento honesto
Ahora la parte incómoda, porque aquí no vendemos humo.
La mayoría de las calls compradas lejos del precio actual vencen sin valer nada. No hay conspiración: es que para ganar tienes que acertar tres cosas a la vez, y las tres son distintas.
Uno, la dirección: que suba. Dos, la magnitud: que suba lo suficiente para pasar del punto de equilibrio, no basta con que suba un poquito. Y tres, el plazo: que lo haga antes de la fecha, porque el día del vencimiento tu derecho se convierte en calabaza aunque la acción se dispare la semana siguiente.
Acertar una de las tres es fácil. Las tres a la vez, todas las veces, no lo es. Y mientras esperas, el reloj corre en tu contra: la parte de la prima que es puro tiempo se evapora un poco cada día, como un cubito de hielo al sol, y se acelera en las últimas semanas. Cuánto de lo que pagas es valor real y cuánto es tiempo alquilado lo separas en la prima, valor intrínseco y valor temporal.
Añade la horquilla, que es el peaje invisible: compras un poco por encima del precio medio y vendes un poco por debajo. En contratos poco negociados, esa diferencia se come una parte del resultado antes de que empiece la película.
Esto es divulgación para que entiendas el contrato, no asesoramiento ni una invitación a operar. Si quieres el mapa completo del vertical, empieza por opciones desde cero, y sigue por el reverso exacto de este artículo: qué es una put.
Una call no compra una acción: compra tiempo para decidir. Y el tiempo, en este mercado, se paga por adelantado y no se devuelve.
Preguntas frecuentes
¿Qué pasa si no ejerzo una call comprada?
Si al vencimiento la acción está por debajo del strike, la opción caduca sin valor y pierdes la prima que pagaste, en el ejemplo los 300 €. No hay nada más que hacer ni nada más que pagar. Si estuviera por encima, muchos brókers ejercen automáticamente, así que conviene tener claro el calendario antes de llegar a ese día.
¿Cuánto se puede perder comprando una call?
Como máximo, la prima. Un contrato con prima de 3 € y multiplicador de cien acciones supone 300 €, y ese es el tope absoluto de la pérdida aunque la acción se hunda. El vendedor de esa misma call juega otro partido: cobra la prima y, si va descubierto, su pérdida no tiene un límite conocido.
¿Es mejor comprar una call que comprar la acción?
Son cosas distintas, no versiones de lo mismo. La acción no caduca y puedes esperar años; la call tiene fecha y exige acertar también la magnitud y el plazo. La call limita la pérdida a la prima, y a cambio te cobra el tiempo cada día. Ninguna de las dos es la buena por definición.
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