Un straddle consiste en comprar a la vez una call y una put con el mismo strike y el mismo vencimiento. Un strangle es lo mismo con strikes distintos y separados. En los dos casos apuestas a que el precio se va a mover mucho, da igual hacia dónde, y pierdes si se queda quieto.
Hasta aquí el manual. Ahora la parte que decide si ganas o pierdes.
El paraguas y las gafas de sol
Te vas una semana a un sitio donde el tiempo es una lotería. Como no te fías, metes en la maleta el paraguas y las gafas de sol.
Si cae un diluvio, el paraguas salva la semana. Si aprieta el sol, las gafas.
Y si la semana sale gris y templada, nublado sin llover, veinte grados y chaqueta fina, no abres ni una cosa ni la otra. Has pagado las dos y no has usado ninguna.
Eso es un straddle. Compras el paraguas y las gafas a la vez, y necesitas tiempo extremo, en cualquiera de los dos sentidos, para que la maleta te salga a cuenta. La apuesta no es "va a llover". La apuesta es "va a pasar algo gordo".
El straddle, con números redondos
Como todos los ejemplos de esta casa, la acción es inventada y las cifras están elegidas para que la aritmética se vea a simple vista.
La acción cotiza a 100 €. Compras dos contratos:
- Una call de strike 100 a tres meses, que cuesta 4 € por acción.
- Una put de strike 100, mismo vencimiento, que cuesta otros 4 €.
Un contrato de opciones sobre acciones son cien acciones, así que la operación te sale por 800 €. Ese es tu billete y también tu pérdida máxima.
Cómo acaba la película, mirando solo el día del vencimiento:
- La acción acaba en 100. Las dos opciones vencen sin valor y pierdes los 800 €. Suena extraño dicho así, pero tu peor escenario es que no pase absolutamente nada.
- Acaba en 108. La call vale 8 € por acción, o sea 800 € en el contrato. La put, cero. Recuperas justo lo que pusiste.
- Acaba en 92. Ahora es la put la que vale 800 €. Empate otra vez.
- Acaba en 115. La call vale 1.500 €. Descontado el billete, ganas 700.
- Acaba en 85. La put vale 1.500 €. Los mismos 700 de ganancia.
Los dos puntos de equilibrio salen de una suma y una resta que haces de cabeza: el strike más el coste total (108) y el strike menos el coste total (92).
Y ahí está el número que casi nadie mira antes de darle al botón: necesitas un movimiento del 8% en tres meses solo para empatar. No para ganar. Para no perder.
El strangle: más barato, y por eso más exigente
El strangle es el mismo animal con la boca más abierta. En vez de comprar las dos opciones en el mismo strike, las compras separadas, una a cada lado del precio:
- Una put de strike 95 por 2 € (200 €).
- Una call de strike 105 por 2 € (200 €).
Total: 400 €. La mitad que el straddle. Y ahí se acaban las buenas noticias.
Porque tus equilibrios ahora son 91 y 109 (el strike de la put menos el coste, el strike de la call más el coste), así que necesitas un movimiento del 9% en vez del 8%. Y en toda la franja entre 95 y 105 pierdes los 400 € enteros, no una parte.
Fíjate en el matiz, que es lo importante: el strangle no es un straddle mejorado. Es la misma apuesta con la entrada más barata y el listón más alto.
El enemigo silencioso se llama vega
Vuelve un momento al paraguas.
Todo el mundo compra paraguas el día que las noticias anuncian la tormenta. Ese día, el paraguas cuesta el triple. Y cuando la tormenta pasa, aunque haya llovido de verdad, el paraguas vuelve a valer lo de siempre.
Eso tiene nombre técnico: vega, la sensibilidad de la prima a la volatilidad implícita, que es lo que el mercado cobra hoy por la duda de mañana.
El straddle es la posición más expuesta a esto que existe, porque va larga de volatilidad por partida doble. Y da la casualidad de que las ganas de comprarlo aparecen justo cuando hay una fecha marcada en rojo en el calendario: unos resultados, una decisión importante, el desenlace de una operación. Es decir, cuando las primas están más infladas.
El resultado lo hemos visto mil veces. Se resuelve la duda, la acción se mueve, y tu straddle vale menos que ayer. Has acertado el movimiento y has perdido dinero, porque lo que compraste no fue el movimiento: fue la expectativa del movimiento, y esa se evapora en cuanto se sabe el desenlace.
Por eso la pregunta antes de comprar no es "¿se va a mover?". Es "¿se va a mover más de lo que ya me están cobrando?".
La versión vendida: cobrar por que no pase nada
Se puede estar al otro lado de la mesa. Vender el straddle es cobrar esos 800 € y apostar a que la acción se queda entre 92 y 108.
Suena de maravilla, así que hay que decirlo entero y en el mismo párrafo: tu ganancia máxima son 800 euros y tu pérdida no se parece en nada a esa cifra. Por el lado de las puts está acotada por el cero, que no es lo mismo que ser pequeña (con la acción a 60 pierdes 3.200 euros). Por el lado de las calls no tiene un límite conocido, porque nada impide que una acción se multiplique: a 160 pierdes 5.200 euros, y desde ahí sigue subiendo la cuenta.
Y si esas opciones están descubiertas, sin las acciones detrás ni el efectivo apartado, ese cheque lo estás firmando en blanco.
Vender volatilidad acierta muchas veces seguidas y falla pocas, pero cuando falla, falla grande. Es el ejemplo perfecto de estrategia en la que el tamaño de la posición importa mucho más que el acierto. Nada de esto es una recomendación de operar: es divulgación para que sepas qué hay al otro lado del contrato.
¿Y a ti en qué te afecta?
En que si algún día te descubres pensando "esto se va a mover seguro, compro un straddle y, se ponga como se ponga, gano yo", ya sabes qué le falta a esa frase.
Le falta el precio. El coste del straddle no es un capricho del bróker: es, más o menos, el movimiento que el mercado ya espera. Comprarlo es decir "se moverá más que eso". Venderlo es decir "se moverá menos que eso". No hay una tercera opción disfrazada de apuesta segura.
Y le falta el reloj. Mientras esperas el gran movimiento, el paso del tiempo te va comiendo las dos primas a la vez. El straddle comprado es de las pocas posiciones en las que theta te muerde por los dos lados.
El momento honesto
Ahora la parte incómoda, porque contarte solo lo bonito sería venderte humo.
La sensación de que ganas te pongas donde te pongas es falsa, y es la trampa más elegante de este producto. Cuando compras las dos patas, una de las dos está condenada desde el principio: si sube, la put muere; si baja, la call muere. Pagas siempre dos primas para cobrar, como mucho, una.
Y luego está lo aburrido, que es lo que más dinero cuesta: los mercados se pasan la mayor parte del tiempo sin hacer nada interesante. Ese 8% suena a poquísimo cuando lo lees en una tabla y se hace larguísimo cuando lo esperas sentado, con el cronómetro en marcha y la prima derritiéndose.
Que no se entienda mal: se puede ganar dinero comprando straddles, y hay gente que se dedica precisamente a comprar volatilidad cuando está BARATA. Vive de eso, no de comprarla el día en que todo el mundo la quiere. Esa es toda la diferencia, y en el diagrama de pagos no se ve.
Un straddle no es una apuesta a que pase algo. Es una apuesta a que pase más de lo que ya está pagado en el precio.
Preguntas frecuentes
¿Qué diferencia hay entre un straddle y un strangle?
El straddle compra la call y la put en el mismo strike, normalmente al precio al que cotiza la acción. El strangle las compra en strikes separados, uno por encima y otro por debajo. El strangle cuesta bastante menos, pero sus puntos de equilibrio quedan más lejos y la franja en la que pierdes toda la prima es más ancha.
¿Cuánto se puede perder con un straddle?
Comprado, la pérdida máxima es la suma de las dos primas y la conoces desde el primer día: en nuestro ejemplo, 800 euros. Vendido cambia todo: la ganancia máxima es la prima cobrada y la pérdida puede ser muy superior, sin un límite conocido por el lado de la call si la acción se dispara.
¿Conviene comprar un straddle antes de unos resultados?
Es justo el momento en que las primas están más infladas, porque el mercado ya cobra la incertidumbre de la cita. Puedes acertar el movimiento y perder dinero igual si la volatilidad implícita se desploma después del anuncio. No significa que nunca funcione, sí que compras caro por definición.
Practica esto sin arriesgar un euro
Options Lab es el simulador de opciones de Argos: cadenas reales, ticket estilo bróker y una cuenta de papel para equivocarte gratis.
Sigue por aquí
¿Te gusta este contenido?
Déjame tu correo aquí y recibe la «nius» cada día en tu buzón. Economía y finanzas sin tonterías.