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Liquidez y horquilla: el coste invisible que te come el resultado

La horquilla entre lo que te pagan y lo que te cobran al operar una opción es el mayor coste de todos, y no aparece en ninguna factura de comisiones. Cómo se mide, cómo se reconoce una cadena líquida y por qué se multiplica en las estrategias de varias patas.

Por Raimond ·

La horquilla es la diferencia entre el precio al que puedes vender una opción ahora mismo (la demanda) y el precio al que puedes comprarla (la oferta). En opciones suele ser ancha y se paga dos veces, al entrar y al salir. Por eso es el mayor coste de la operativa, y no figura en ninguna factura de comisiones.

Vale, esa es la definición de manual. Ahora te lo contamos de verdad.

Aterrizas en Londres con 1.000 euros y los cambias en la ventanilla del aeropuerto. Te dan 909 libras.

Diez minutos después te llaman: viaje cancelado, te vuelves a casa. Vas a la misma ventanilla y cambias otra vez las mismas libras.

Te devuelven 818 euros.

La libra no se ha movido ni un céntimo. No has invertido en nada, no has ganado ni perdido nada en el mercado, y no has pagado ninguna comisión con nombre y apellidos. Solo has pasado dos veces por la ventanilla. Y la ventanilla vive exactamente de eso.

Te contamos esto porque una cadena de opciones poco negociada es esa ventanilla, con el agravante de que aquí nadie cuelga el cartel con los precios en la pared.

Qué es la horquilla y por qué en opciones es tan ancha

En cualquier mercado hay dos precios a la vez, no uno:

El precio que ves en el gráfico es el de la última operación cruzada, que ya pasó. Lo que tú vas a pagar o cobrar son los otros dos. La distancia entre ellos es la horquilla, y el punto que queda justo en medio (el punto medio) es la mejor aproximación disponible al valor real de esa opción en ese instante.

En una acción muy negociada la horquilla es ridícula: 99,98 de demanda y 100,02 de oferta. Cuatro céntimos sobre cien euros, un 0,04%. Entrar y salir te cuesta menos que el café de después.

En opciones ese mismo activo se reparte en cientos de productos distintos. Quince vencimientos, cuarenta strikes y dos tipos de opción son mil doscientos contratos, cada uno con su propio libro de órdenes. La liquidez de la acción no se hereda: se diluye. Súmale que al otro lado suele haber un creador de mercado que asume un riesgo real al darte contrapartida y que necesita cobrar por ello, y ya tienes la horquilla ancha.

El ejemplo redondo: 1,80 y 2,20

Ejemplo inventado, con números redondos para que la aritmética se vea a simple vista. Una opción cotiza con demanda a 1,80 y oferta a 2,20. El punto medio es 2,00, que es lo que esa opción vale de verdad en ese momento.

Si entras pagando la oferta (2,20) y sales cobrando la demanda (1,80), te has dejado 0,40 € por acción. Como un contrato del mercado americano son 100 acciones, eso son 40 € por contrato.

Cuarenta euros. Sin que el mercado se haya movido ni un céntimo. Es el 20% del precio medio de la opción, y el 18% de lo que pusiste sobre la mesa.

La horquilla de una opción: dos precios a la vez, y ninguno es el del gráfico Horquilla 0,40 €: el 20% del punto medio punto medio 2,00 € Demanda 1,80 € Oferta 2,20 € lo que cobras si vendes lo que pagas si compras Ejemplo inventado con números redondos. Un contrato del mercado americano son 100 acciones: esos 0,40 € son 40 € por contrato.

Y aquí está la clave que casi nadie tiene en cuenta al elegir un contrato: ese 20% no es tu riesgo, es tu punto de partida. Antes de ganar un solo euro tienes que recuperarlo.

El mismo acierto, dos horquillas

Sigamos con el ejemplo. Imagina que aciertas y el punto medio de la opción sube de 2,00 a 2,40. El mercado te ha dado la razón por 0,40 € por acción, o sea 40 € en el contrato.

Con una horquilla estrecha (demanda 1,95, oferta 2,05) pagas 2,05 al entrar y cobras 2,35 al salir. Te llevas 0,30, es decir 30 € de esos 40.

Con la horquilla ancha del ejemplo pagas 2,20 al entrar y, cuando el medio sube a 2,40, la demanda está en 2,20. Cobras exactamente lo mismo que pagaste. Cero.

El mismo acierto, dos horquillas: qué queda al final El punto medio de la opción sube de 2,00 a 2,40: el mercado te da la razón por 40 € en el contrato Horquilla estrecha: demanda 1,95 / oferta 2,05 entras pagando 2,05 € sales cobrando 2,35 € te queda 30 € de los 40 € Horquilla ancha: demanda 1,80 / oferta 2,20 entras pagando 2,20 € sales cobrando 2,20 € te queda 0 € de los 40 € Ejemplo inventado con números redondos. Un contrato del mercado americano son 100 acciones.

Mismo análisis, mismo acierto, mismo movimiento del mercado. Un contrato te paga treinta euros y el otro no te paga nada.

Cómo se reconoce una cadena líquida

No hace falta un programa carísimo para verlo. Con la cadena de opciones delante, estas cuatro señales bastan:

Varias patas, varias horquillas

Aquí el coste se dispara y casi nadie lo cuenta. Una estrategia de cuatro patas, como un iron condor, no paga una horquilla: paga cuatro al abrir y otras cuatro al cerrar.

Pon que en cada pata consigues cruzar a mitad de camino y cedes solo 0,10. Son ocho cruces: 0,80 € por acción, 80 € por contrato. Si en ese ejemplo inventado el beneficio máximo de la estructura fuera de 150 €, acabas de dejar más de la mitad en el mostrador antes de que ocurra absolutamente nada.

Por eso las estrategias de varias patas exigen subyacentes muy líquidos. No por elegancia: por aritmética.

Órdenes limitadas y paciencia

La herramienta para defenderte es sencilla y no cuesta dinero.

No uses órdenes a mercado en opciones. Una orden a mercado dice "lo que sea, pero ya", y en un contrato con poca profundidad eso es firmar un cheque en blanco.

Manda una orden limitada al punto medio y espera. Si no te la cruzan, cede un céntimo. Y otro. Muchas veces se cruza por encima del medio, porque al creador de mercado también le interesa cerrar operaciones.

Y si has ido cediendo hasta el borde de la oferta y aquello sigue sin moverse, tienes una información valiosa gratis: ese contrato no quiere que entres. Escúchalo.

La paciencia aquí no es una virtud moral. Es una partida de tu cuenta de resultados.

¿Y a ti en qué te afecta?

En que muchas veces la estrategia no era mala. El contrato sí.

Cuando alguien lleva meses operando y el resultado no llega a pesar de acertar más o menos lo que esperaba, lo primero que revisa es el método. Lo que casi nunca revisa es lo que se dejó en cada entrada y en cada salida, porque eso no aparece en ningún sitio con su nombre. No existe una línea en el extracto que diga "horquilla: 40 euros". Se lo traga el precio.

Ese es el peaje invisible, y es el que separa una operativa razonable de una que se desangra despacio. Si estás empezando, pesa más en tu resultado que casi todo lo demás, y va de la mano de los errores que cometemos todos al principio.

El momento honesto

Dos matices, porque contarte solo la mitad sería venderte humo.

El primero: la horquilla no es un timo. El creador de mercado te da contrapartida a cualquier hora, asumiendo un riesgo que tú no quieres, y cobra por ello. Igual que la ventanilla del aeropuerto, que es cara pero está abierta a las tres de la mañana cuando no hay otra.

El segundo: lo que ves en pantalla no siempre es lo que hay. A veces te cruzan mejor de lo que la horquilla sugería, porque hay órdenes que no se muestran. Y a veces pasa lo contrario, que es lo peligroso: en un día de sustos, justo cuando quieres salir corriendo, la horquilla se abre de par en par. La liquidez se elige el día que entras, porque el día que quieres salir ya no se elige nada.

Esto es divulgación, no asesoramiento: aquí explicamos el peaje para que lo mires antes, no para que operes.

En opciones no basta con acertar. Hay que acertar por más de lo que cuesta entrar y salir.

Preguntas frecuentes

¿Cuándo una horquilla es demasiado ancha?

No hay un número mágico, hay una proporción. Compárala siempre con el precio medio de la opción y con lo que aspiras a ganar en esa operación. Si solo entrar y salir se come una parte gorda del beneficio esperado, el contrato no compensa. Entre dos opciones parecidas, la líquida gana casi siempre.

¿Puedo comprar y vender siempre al punto medio?

No está garantizado. El punto medio es una referencia, no un derecho. Manda la orden limitada al medio, espera, y cede de céntimo en céntimo si hace falta. En contratos líquidos se cruza a menudo. En los ilíquidos puede que no se cruce nunca, y esa negativa es justamente la señal que necesitabas.

¿Por qué la horquilla se ensancha justo cuando quiero salir?

Porque el que te da contrapartida también gestiona su riesgo. Cuando la volatilidad se dispara y mucha gente quiere lo mismo a la vez, ampliar la horquilla es su forma de protegerse. Por eso la liquidez se comprueba al entrar: cuando llega el susto, ya no la eliges tú.

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