Vega mide cuánto cambia el precio de una opción cuando la volatilidad implícita se mueve un punto porcentual. Una vega de 0,11 significa que la opción gana o pierde unos 11 euros por contrato por cada punto que suba o baje esa volatilidad. Es la griega que explica que aciertes la dirección y pierdas dinero.
Hasta aquí el manual. Ahora la versión que de verdad te va a servir.
En tu pueblo hay fiestas la semana que viene. La habitación del hostal, que el resto del año cuesta 60 euros, esa semana se pone a 240.
Y tú lo tienes clarísimo: van a ser las mejores fiestas de la década. Así que reservas la habitación a 240 con la idea de traspasarla.
Aciertas de pleno. Viene el triple de gente que el año pasado, el pueblo está a reventar y todo el mundo comenta que hacía años que no se veía algo así.
El lunes siguiente intentas colocar tu habitación. Y no te dan más de 60 euros por ella.
No te has equivocado en el pronóstico. Te has equivocado en el precio. Porque lo que compraste no fue la fiesta: fue la expectativa de la fiesta. Y la expectativa deja de cotizar en el momento exacto en que ya se sabe cómo ha salido.
Bienvenido a vega.
Qué mide vega exactamente
La volatilidad implícita es cuánto movimiento espera el mercado de aquí al vencimiento, deducido del precio al que se están pagando las opciones. No es lo que ha pasado. Es lo que se teme (o se espera) que pase.
Vega te dice cuánto le importa esa expectativa al precio de tu contrato. Si tu opción tiene una vega de 0,11 y la volatilidad implícita sube un punto, la opción vale 0,11 euros más por acción, es decir 11 euros más en el contrato, que son 100 acciones. Si baja un punto, al revés.
Un apunte de gremio antes de seguir: vega no es una letra griega. Los demás factores sí (delta, gamma, theta), pero vega se la inventaron los operadores porque sonaba bien y ahí se quedó. Si alguien te la corrige llamándola kappa, técnicamente tiene razón y socialmente no.
El caso que enfada de verdad
Ejemplo inventado con números redondos, como todos los de esta casa, para que puedas seguir la aritmética.
Una acción cotiza a 100 euros y publica resultados mañana. Como nadie sabe qué va a salir, las opciones están caras: la volatilidad implícita está en el 55%. Compras una call con strike 100 y 30 días por delante, y te cuesta 6,30 euros por acción, o sea 630 euros el contrato.
Al día siguiente sale la noticia, la acción sube a 104 y te frotas las manos. Abres la pantalla y tu opción vale 5,60.
Has acertado la dirección, la acción ha subido un 4% y pierdes 70 euros.
Fíjate en el panel de la izquierda: pagas 6,30 y al día siguiente vale 5,60. La misma opción comprada con el mercado tranquilo (volatilidad implícita del 25%) te habría costado 2,85 y, con el mismo movimiento de la acción, valdría 5,30. Ganancia de 245 euros en vez de pérdida de 70.
Idéntica acción. Idéntico acierto. Resultado opuesto.
Por qué se desploma la volatilidad después del evento
Desmontemos la factura del panel rojo, con cifras aproximadas:
- La acción sube 4 euros y tu opción, con una delta de algo más de la mitad, gana por ese lado unos 2,30 euros por acción.
- La volatilidad implícita se derrumba del 55% al 28%. Son 27 puntos por unos 0,11 de vega, casi 2,90 euros por acción en contra.
- Y pasa un día, que se lleva otros 10 céntimos.
Suma: 2,30 menos 2,90 menos 0,10. Setenta céntimos de pérdida por acción, 70 euros en el contrato.
¿Por qué se hunde así la volatilidad implícita? Porque lo que se pagaba era la incertidumbre, y la incertidumbre se ha resuelto. La víspera nadie sabía qué iba a salir y todo el mundo quería estar cubierto o posicionado; al día siguiente ya se sabe. En la mesa lo llaman aplastamiento de la volatilidad, y no es una anomalía ni una trampa de nadie: es el mercado dejando de cobrar por una duda que ya no existe.
Lo mismo pasa alrededor de cualquier fecha marcada en rojo en el calendario: una decisión regulatoria, un dato macro señalado, el desenlace de una operación corporativa. Antes, la prima se infla. Después, se desinfla.
Dónde vega es más grande
En dos sitios, y conviene tenerlos localizados:
- Cerca del dinero, es decir, con la acción rondando el strike. Una opción muy lejos del strike ya casi no vale nada y un cambio de expectativa le hace poca cosa.
- Con más tiempo por delante. Y esto es de sentido común: si al vencimiento le queda un día, da igual que el mercado espere terremotos, porque en un día se puede mover lo que se puede mover. Si le quedan seis meses, esa expectativa tiene mucho terreno para materializarse, así que pesa mucho más en el precio.
Fíjate en el contraste con la gamma, que hace justo lo contrario: se dispara en el corto plazo. Las opciones largas son un asunto de volatilidad; las cortas, un asunto de aceleración.
Estar largo o corto de volatilidad
Es la forma en que se habla de esto en la mesa, y es más sencillo de lo que suena:
- Largo de volatilidad es el que ha comprado opciones. Le beneficia que suba la volatilidad implícita, aunque la acción no se mueva. Cuando el mercado se pone nervioso, sus contratos valen más.
- Corto de volatilidad es el que las ha vendido. Le beneficia que la volatilidad caiga y que reine la calma.
Aquí va el riesgo pegado a la ventaja, como siempre en este vertical: estar corto de volatilidad significa que un susto general del mercado te mueve el precio en contra aunque la acción ni se acerque a tu strike. Y si esas opciones vendidas están descubiertas, la pérdida puede superar con mucho la prima cobrada, sin techo conocido en el caso de una call.
Cuando alguien compra un straddle o un strangle está haciendo esto de forma explícita: apostar a que va a haber movimiento, sin decir hacia dónde. Es una posición sobre vega con patas.
¿Y a ti en qué te afecta?
En una pregunta que casi nadie se hace antes de darle al botón: ¿estoy comprando esta opción cara o barata en volatilidad?
Porque el precio de la pantalla no te lo dice. Una call de 6,30 no es cara ni barata por valer 6,30. Es cara o barata según lo que el mercado esté pagando hoy por el movimiento comparado con lo que suele pagar. Para eso existen el IV rank y el percentil, que colocan la volatilidad de hoy dentro de su propia historia.
Y por eso los dos errores más silenciosos del principiante son estos:
- Comprar opciones justo cuando están infladas, normalmente el día antes de un evento, porque es cuando más ganas tienes de comprarlas.
- Vender opciones cuando están baratas, es decir, cobrar poco por asumir un riesgo que sigue siendo el mismo.
Ninguno de los dos se nota en el momento. Los dos son formas de empezar la partida perdiendo. Y ojo: nada de esto es una señal ni una recomendación de hacer nada, es divulgación para que sepas qué estás mirando.
El momento honesto
Vega no te dice si vas a ganar. Aquí no vendemos humo, así que el matiz va entero.
Se puede comprar volatilidad carísima y ganar mucho dinero, si el movimiento que llega es mayor que el que el mercado esperaba. Y se puede comprar barata y perderlo todo, si la acción decide no moverse. La volatilidad implícita no es una promesa: es un precio, y como todos los precios puede quedarse corto o pasarse.
Y hay algo más incómodo. La volatilidad suele estar alta por un motivo, y ese motivo no siempre está en los libros. Vender lo que parece caro es una de las formas más elegantes de que te pille lo que sea que el mercado estaba temiendo. Compra o vende quien quiera, pero que sepa que ahí no hay dinero fácil: hay un precio de la incertidumbre, y alguien al otro lado que también ha hecho los deberes.
Acertar la dirección es solo la mitad del examen. La otra mitad es el precio al que compraste esa opinión.
Preguntas frecuentes
¿Qué es el aplastamiento de la volatilidad?
Es la caída brusca de la volatilidad implícita justo después de un evento esperado, como la publicación de resultados. Antes de la cita, la incertidumbre infla las primas; cuando se conoce el desenlace, esa parte del precio desaparece de golpe. Por eso una opción comprada la víspera puede perder valor aunque el subyacente se mueva en la dirección que esperabas.
¿Por qué mi opción baja si la acción sube?
Suele haber tres causas, y a menudo actúan juntas: la volatilidad implícita ha caído (vega), ha pasado tiempo (theta) o el movimiento de la acción ha sido menor de lo que ya estaba descontado en el precio. Una opción no cobra solo por la dirección: cobra por la dirección, por el tiempo y por la expectativa de movimiento.
¿Cómo sé si una opción está cara en volatilidad?
Comparando la volatilidad implícita de hoy con su propio historial en ese subyacente y con la volatilidad que se ha materializado de verdad en los últimos meses. Esa comparación, no el precio en euros del contrato, es lo que te dice si estás pagando caro. No es una bola de cristal, pero evita comprar en el pico de la expectativa sin enterarte.
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