🎓 Academy › 🎯 Opciones › Gestión del riesgo en opciones: el tamaño manda

Opciones · Riesgo y método

Gestión del riesgo en opciones: el tamaño manda

En opciones el tamaño de la posición decide más que el acierto: una idea buena mal dimensionada te saca del juego antes de que la estadística tenga tiempo de trabajar. Cómo medir la pérdida máxima real, qué es el riesgo definido y por qué delta delata tu exposición.

Por Raimond ·

En opciones, el tamaño de la posición decide más que el acierto. Se dimensiona siempre por la pérdida máxima real de la operación, nunca por la prima cobrada, y se limita a una fracción pequeña de la cartera. Quien empieza debería operar solo con riesgo definido, es decir, con la pérdida acotada por construcción.

Hasta aquí el manual. Ahora lo que pasa de verdad.

Cambiar una bombilla no ha matado nunca a nadie. Lo que mata es el último peldaño.

Todos tenemos en casa esa escalera de aluminio con la pegatina que avisa de que no se pisan los dos peldaños de arriba. Y todos los pisamos. Porque falta un palmo, porque bajar y mover la escalera da pereza, porque total, es un segundo.

Ochenta veces sale bien. La ochenta y una te la cuenta el traumatólogo.

En opciones ocurre exactamente eso, y con la misma cara de sorpresa. No te saca del juego equivocarte. Te saca la altura a la que te habías subido el día que te equivocaste.

Por qué el tamaño va antes que la estrategia

Cualquier método, por bueno que sea, tiene rachas malas. No "puede tener": tiene. Y la única forma de que una ventaja pequeña se note es repetirla muchas veces, lo que exige una condición previa poco glamurosa: seguir aquí.

Mira lo que pasa con la misma racha exacta y dos tamaños distintos. Cartera inventada de 10.000 €, cinco operaciones perdedoras seguidas y luego cinco ganadoras que pagan 1,5 veces lo arriesgado.

La misma racha con dos tamaños: una sobrevive y la otra no Cartera de 10.000 €. Cinco pérdidas seguidas y después cinco ganancias que pagan 1,5 veces lo arriesgado. 10.000 € 5.000 € 0 € 10.500 € cuenta a cero operaciones, en el mismo orden para las dos arriesgando 200 € por operación (el 2% de la cartera) arriesgando 2.000 € por operación (el 20% de la cartera) Ejemplo inventado. En la práctica el bróker habría cerrado la posición grande antes de llegar a cero.

Las dos líneas tienen el mismo acierto, el mismo método y las mismas operaciones en el mismo orden. La verde termina con 10.500 €. La roja no llega a ver las cinco ganadoras, porque la cuenta se acaba en la quinta pérdida.

Y fíjate en el matiz, que es lo importante: la roja no se equivocó más. Se subió más alto.

Cómo se dimensiona: por la pérdida máxima, no por la prima

La pregunta antes de mandar cualquier orden es una sola: si esto sale del todo mal, ¿cuánto pierdo?

Ese número, y no otro, es el que se limita a una fracción pequeña de la cartera. Mucha gente trabaja con un 1% o un 2% por operación. No es una ley física, es una forma de garantizar que cinco disgustos seguidos no te cambien la vida ni el plan.

Con 10.000 € y una regla del 2%, la pérdida máxima asumida por operación son 200 €. Dos ejemplos inventados, con números redondos:

Dimensionar por la prima cobrada es calcular el peso de la escalera en lugar de la altura de la caída.

Y con la call descubierta la cosa es todavía más seria, así que lo decimos con todas las letras y en el mismo párrafo que la ventaja: vender una call sin tener las acciones puede generar pérdidas muy superiores a la prima cobrada, y como la acción puede subir sin límite conocido, esa pérdida no tiene un techo del que colgar el cálculo.

Riesgo definido y riesgo indefinido

Es la división más útil de todas, y se entiende en diez segundos.

Riesgo definido: el peor caso está escrito en el contrato el día que abres. Comprar una call o una put (pierdes como mucho la prima), los spreads, las estructuras cerradas por los dos lados. Puedes equivocarte del todo y sabes exactamente cuánto cuesta ese error.

Riesgo indefinido: vender opciones descubiertas. El día que abres cobras dinero y no hay ningún número que ponga el suelo. Lo pone el mercado, más tarde, y no negocia.

La recomendación de la casa es clara y aburrida: quien empieza, solo riesgo definido. No por moralina. Porque el riesgo definido te permite equivocarte varias veces y seguir jugando, que es la única forma de aprender esto sin pagar la matrícula completa. Merece la pena entender bien los dos lados de la mesa antes de sentarse en el que no tiene respaldo.

El apalancamiento que no ves: mira la delta

Un contrato representa 100 acciones. Esa frase parece un detalle técnico y es la fuente de la mitad de los sustos.

Ejemplo inventado. Compras 5 calls sobre una acción que cotiza a 100 €, cada una con delta 0,50. Tu exposición direccional real es 5 contratos por 100 acciones por 0,50 de delta: 250 acciones equivalentes. A 100 € la acción, son 25.000 € apostados a que ese activo sube, con una cartera de 10.000 €.

Nadie ha pedido un préstamo. Nadie ha firmado nada raro. Y sin embargo estás apalancado más de dos veces sobre tu cartera, con la prima de esas cinco opciones como única entrada visible en el extracto.

La delta te lo dice si la miras, y sumar las deltas de todas tus posiciones te da la apuesta direccional total. Ahí es donde mucha gente descubre que tiene la misma idea repetida tres veces con nombres distintos.

Garantías y cierres forzados

Cuando vendes opciones, el bróker te bloquea garantías. No es un depósito fijo: se recalcula, y crece justo cuando el mercado va en tu contra y la volatilidad sube. O sea, el peor día.

Si no cubres esas garantías, el bróker cierra la posición por ti. No te llama para preguntarte si prefieres esperar. Cierra al precio que haya en ese momento, que suele ser el peor del mes, y con las horquillas abiertas de par en par.

Traducción para lerdos: el riesgo no es solo que la operación salga mal. Es que te saquen de ella antes de que pueda salir bien.

El plan de salida se escribe antes de abrir

Antes de mandar la orden, tres números por escrito:

Escrito, no pensado. Con la posición abierta y en rojo, el cerebro deja de analizar y empieza a negociar contigo.

Y un aviso concreto: promediar a la baja en opciones es mucho peor que en acciones. Con una acción que se hunde puedes esperar sentado; la empresa sigue ahí. Con una opción no solo tienes que acertar la dirección, tienes que acertarla antes de una fecha. Doblar en una posición perdedora es doblar en una idea que además tiene el reloj corriendo en contra. Casi siempre es la forma más rápida de convertir un error pequeño en uno de los grandes.

¿Y a ti en qué te afecta?

En tres decisiones que puedes tomar hoy, sin adivinar nada:

El momento honesto

El tamaño pequeño tiene un precio, y no contarlo sería vender humo: es aburrido, y cuando aciertas ganas poco. Además, con posiciones diminutas las comisiones y la horquilla pesan proporcionalmente más. Es un equilibrio real, no una frase bonita para cerrar el artículo.

Y algo más incómodo todavía: ninguna regla de tamaño te protege del todo si operas con riesgo indefinido. Un salto de precio de un día para otro puede saltarse tu nivel de pérdida asumida sin pasar por él, y ahí no hay disciplina que valga, solo estructura. Por eso la primera decisión de gestión del riesgo no es cuánto, sino qué tipo de riesgo aceptas.

Esto es divulgación, no asesoramiento. Aquí explicamos el mecanismo para que decidas con él delante, y el resto del camino pasa por los errores que cometemos todos al empezar.

Sobrevivir es la estrategia. Todo lo demás es táctica.

Preguntas frecuentes

¿Qué porcentaje de la cartera debo arriesgar por operación?

No existe un número universal, pero la lógica sí es universal: la pérdida máxima de una sola operación tiene que ser pequeña frente a tu cartera. Mucha gente usa entre el 1% y el 2%. La prueba del algodón es sencilla: si cinco pérdidas seguidas te obligan a cambiar de plan, el tamaño era demasiado grande.

¿Qué es exactamente el riesgo definido?

Que la pérdida máxima está determinada en el momento de abrir la posición y no depende de hasta dónde llegue el mercado. Comprar una opción (pierdes como mucho la prima) o montar un spread son ejemplos. Vender opciones descubiertas es lo contrario: cobras hoy y el peor caso lo decide el mercado más tarde.

¿Puedo perder más dinero del que tengo en la cuenta?

Con riesgo definido, no: pierdes como máximo lo que pusiste. Vendiendo opciones descubiertas, sí es posible que la pérdida supere el saldo y quedes debiendo dinero al bróker, sobre todo en una call descubierta, donde la subida del subyacente no tiene un techo conocido. Es la diferencia práctica entre las dos familias.

Practica esto sin arriesgar un euro

Options Lab es el simulador de opciones de Argos: cadenas reales, ticket estilo bróker y una cuenta de papel para equivocarte gratis.

Conocer Options Lab

Sigue por aquí

¿Te gusta este contenido?

Déjame tu correo aquí y recibe la «nius» cada día en tu buzón. Economía y finanzas sin tonterías.

¡Gracias! Revisa tu correo electrónico. Te acabo de enviar un e-mail.
Uy, algo ha fallado. Prueba otra vez en un momento.