Una call cubierta consiste en vender una call sobre acciones que ya tienes. Cobras una prima por adelantado y, a cambio, te comprometes a venderlas al strike si el precio lo supera. En el mercado estadounidense cada contrato cubre 100 acciones, así que necesitas 100 títulos por cada call vendida.
Esa es la definición de manual. Ahora te lo contamos con la casa del pueblo.
La casa que ya habías decidido vender
Tienes la casa del pueblo. No la usas, no vas a volver y ya has tomado la decisión: la vendes.
Hoy, en el mercado, vale unos 100.000 euros. Tú pides 110.000 y no bajas de ahí, porque por menos prefieres quedártela.
Aparece un vecino con una propuesta. Te da 2.000 euros hoy, en mano y para siempre, a cambio de que le reserves la casa: si dentro de seis meses la quiere, te la compra por esos 110.000. Si no la quiere, no la compra y los 2.000 son tuyos igual.
Te lo piensas dos segundos. Tú ya vendías a 110.000, así que estás cobrando por una promesa que pensabas cumplir de todas formas.
Eso es una call cubierta. Y sí, hay letra pequeña, que llega dentro de un momento.
Los números, con un ejemplo redondo
Cambiamos la casa por acciones y dividimos entre mil. Ejemplo inventado, con cifras elegidas para que la aritmética se vea a simple vista.
Tienes 100 acciones de una empresa que cotiza a 100 euros. Vendes una call de strike 110 con vencimiento a tres meses y cobras una prima de 2 euros por acción.
Como el contrato cubre 100 acciones, ingresas 200 euros en tu cuenta. Ese dinero es tuyo desde el primer día, pase lo que pase después.
A cambio has firmado una obligación: si al vencimiento la acción está por encima de 110, te compran tus 100 acciones a 110.
Fíjate en las dos líneas. Hasta 110 la azul va por encima de la gris, exactamente 2 euros por encima: es la prima. A partir de ahí la azul se queda plana y la gris sigue subiendo sola.
Esa zona ámbar es todo el artículo.
Los tres finales posibles
Final A: la acción cae a 90. Nadie te compra nada a 110, así que la call vence sin valor y te quedas la prima. Pierdes 10 euros por acción en la posición y la prima te deja la pérdida en 8. Te has ahorrado 200 euros de disgusto y sigues teniendo unas acciones que valen menos. Se siente como un consuelo pequeño, porque eso es exactamente lo que es.
Final B: la acción se queda en 105. La call no llega al strike y vence sin valor. Te quedas las acciones y los 200 euros. Es el desenlace que todo el mundo tiene en la cabeza al vender la call, y se siente como haber cobrado un alquiler por algo que ya tenías.
Final C: la acción sube a 120. Te asignan y vendes tus 100 acciones a 110. Tu resultado son 10 euros de subida más 2 de prima: 12 euros por acción, 1.200 en total. Con solo las acciones habrías ganado 20 euros por acción, 2.000. Te has perdido 800 euros de subida.
Se siente fatal. Y es importante que sepas de antemano que se va a sentir fatal, porque ese día es cuando la gente toma decisiones caras. Lo que ocurre exactamente cuando te toca está en asignación y ejercicio.
El punto de equilibrio, por cierto, está en 98: la acción puede caer 2 euros antes de que empieces a perder de verdad respecto a hoy.
Para quién tiene sentido de verdad
Aquí está la línea que separa a quien usa esta estrategia de quien la sufre.
Tiene sentido para quien ya iba a vender a ese precio. Si tenías decidido soltar esas acciones en 110 porque ahí se acaba tu tesis, vender la call de 110 es cobrar por una decisión que ya habías tomado. Si te asignan, has cumplido tu plan y encima con un extra.
No tiene sentido para quien quiere ingresos extra sobre acciones que no piensa soltar. Ese es el uso más extendido y el peor entendido: cobrar una prima pequeña sobre una posición que quieres conservar es vender la parte buena de una acción que te gusta a cambio de calderilla.
Y hay un requisito material que en España se olvida a menudo: en el mercado estadounidense el contrato son 100 acciones. Si tienes 30 títulos, esto no es para ti todavía. La alternativa no es vender la call igual, porque eso ya sería una call descubierta, y ahí la pérdida no tiene un techo conocido: si la acción se dispara, tienes que comprarla al precio que sea para entregarla. Cubierta y descubierta se parecen en la pantalla y no se parecen en nada en el riesgo.
El coste que no aparece en ninguna pantalla
Cuando vendes una call cubierta, tu bróker te enseña la prima cobrada. Lo que no te enseña es lo que acabas de entregar: el techo de tu propia subida.
Ese es el coste real y no aparece en ningún extracto, porque es dinero que nunca llegó. En el ejemplo, 800 euros que se quedaron en el aire por haber cobrado 200.
Por eso la call cubierta no es dinero gratis, ni ingresos pasivos, ni una máquina de nada. Es un intercambio muy concreto: cobras hoy una cantidad pequeña y cierta a cambio de renunciar a una ganancia futura, grande e incierta. Cuando el activo se queda quieto, ganas tú. Cuando se dispara, gana el que te compró la call.
Y ojo con la otra mitad, que se cuenta menos: la call cubierta no protege de las caídas. Solo amortigua el golpe por el importe de la prima. Si la acción se desploma un 40%, tú te comes ese 40% menos 2 euros. Sigues siendo el dueño de todo el riesgo.
¿Y a ti en qué te afecta?
En que es la puerta de entrada más habitual al mundo de las opciones, y conviene cruzarla sabiendo lo que hay al otro lado.
Si te asignan y no querías vender, tienes básicamente dos salidas. Una es aceptarlo, que casi siempre es la más sana. La otra es rolar la posición: recomprar la call y vender otra más arriba y más lejos, algo que a veces alarga el problema en lugar de resolverlo.
Hay además una factura que en España duele especialmente. Si esas acciones llevaban años en tu cartera con una plusvalía grande, la asignación es una venta con todas sus consecuencias: aflora la ganancia y tributa en el ahorro. Cobraste 200 euros de prima y desencadenaste una liquidación que no tenías prevista. Los detalles están en la fiscalidad de las opciones, y merece la pena mirarlos antes, no después.
Si lo que quieres es limitar la caída y no solo cobrar por el techo, la variante que combina las dos cosas es el collar.
Esto es divulgación, no asesoramiento. Te contamos el mecanismo y la factura; la decisión es tuya y de nadie más.
El momento honesto
El error clásico no es matemático, es de intención.
Alguien tiene una acción que le encanta, lleva años con ella y no piensa venderla jamás. Le cuentan que puede cobrar una prima todos los meses sin hacer nada y empieza a vender calls por encima del precio. Funciona tres, cuatro, cinco veces. Se acostumbra a ese ingreso.
Y entonces llega el trimestre en que la empresa sorprende, la acción sube un 30% en dos semanas y le asignan. Ha vendido a 110 la acción que quería tener toda la vida, ha renunciado a la mayor subida en años y encima le ha caído la liquidación fiscal de la plusvalía acumulada.
Nada de eso fue mala suerte. Estaba escrito en el contrato desde el primer día.
Por eso la pregunta antes de vender una call cubierta nunca es cuánta prima cobras. Es esta: ¿me parecería bien vender estas acciones a este precio? Si la respuesta es no, no vendas la call. Y si la duda es cuándo deshacerte de una acción, eso se decide antes y por otros motivos, como contamos en cuándo vender una acción.
Es la estrategia más conservadora del catálogo y aun así tiene su factura. Solo que se paga en subidas que no cobras.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto puedo perder con una call cubierta?
La prima cobrada no es tu riesgo, es tu único consuelo. El riesgo sigue siendo el de tener las acciones: si el activo cae, pierdes lo mismo que cualquier accionista menos la prima. En el ejemplo, con la acción a 100 y 2 euros cobrados, empiezas a perder por debajo de 98 y sigues bajando con ella.
¿Qué pasa si no quiero que me asignen?
Puedes recomprar la call antes del vencimiento, normalmente con pérdida si la acción ha subido, o rolarla a un strike y un vencimiento más lejanos. Ninguna de las dos cosas es gratis. La única forma segura de no ser asignado es no vender la call, y por eso se vende solo sobre acciones que estarías dispuesto a soltar.
¿Es la call cubierta una fuente de ingresos estable?
No conviene verla así. Cobras cantidades pequeñas muchas veces y renuncias a las subidas grandes, que son las que hacen la rentabilidad de una cartera a largo plazo. En mercados laterales suma, en mercados alcistas fuertes resta, y en las caídas apenas amortigua. Ingreso frecuente no es lo mismo que ingreso rentable.
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